¡Vida contemplativa, altísima pobreza, santa unidad!

Popayan

Esa es la explicación que la Madre María Leticia del Niño Jesús  -superiora en el monasterio de clausura Santa Clara en Popayán- da sobre el carisma de su obra.

En este antiguo monasterio casi 20 religiosas oscilan entre los 25 y los 90 años de edad, entregando su vida a Dios de forma integral. Ellas dedican su vida a la oración, la contemplación y el sacrificio, y todo lo que hacen lo ofrecen por el bienestar del mundo y por las cientos de personas que todos los meses llaman al monasterio a pedir una oración o intercesión a Dios.

Es decir, ellas se dedican a orar por ti, por los otros lectores de esta nota y por los buenos, los malos y los más necesitados de este mundo.

Las religiosas del monasterio no tienen ningún empleo ni ninguna forma de remuneración estable. Parte de su sustento proviene del humilde fruto de su trabajo que se concentra en hacer paquetes de galletas, velones y formas para la Sagrada Eucaristía.

Tres religiosas venden las galletas todas las semanas de puerta en puerta, cada paquete se vende a 1.000 pesos. El dinero que recaudan se usa para el sustento de todo el monasterio.

Dentro de esto para alimentar a las religiosas, cuidar de su vestido, salud, mantener el monasterio de forma digna y dar de comer a las varias decenas de pobres que todos los días golpean su puerta: el mismo Jesús pidiendo un bocado, según las palabras de la madre Maria Leticia. Pero para todo esto no es suficiente el dinero que recogen con la venta de las galletas.

Las hermanas del monasterio de Santa Clara necesitan de la providencia para mantener su monasterio. Si no reciben ayuda de terceros, no pueden mantenerse ni en las necesidades más básicas.

Es por eso que desde el 2006 la Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre, hace anualmente una contribución a el monasterio para permitir el sostenimiento de estas religiosas. Ellas dedican su vida a Dios de la forma más profunda, renuncian a tener una familia, una carrera, los patrimonios de sus familias y a las miles de formas de alegría legítima que todos tenemos en nuestras vidas día a día; a todo esto renuncian para servir mejor a Dios y rezar por ti y por mi.

Ellas son la luz del mundo. ¿Cómo no ayudarlas? Esta ayuda que nuestra fundación les da anualmente, solamente es posible gracias a las contribuciones de nuestros benefactores.

Posted on 9 diciembre, 2015 in Noticias

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