Una sala polivalente que haga de iglesia para los católicos que huyen de Boko Haram

No solo Nigeria, sino también el norte del país vecino de Camerún padece los violentos ataques de la organización terrorista Boko Haram. Sin embargo, estos atentados prácticamente son ignorados por la comunidad internacional. Mons. Bruno Ateba, Obispo de Maroua-Mokolo, una diócesis de la zona fronteriza, se lamenta: “Lo que ocurrió en el atentado de París ocurre aquí a diario, sin que nadie en el mundo hable de ello”. El Obispo ha precisado que, en estos momentos, la atención de la opinión pública se dirige sobre todo a Oriente Próximo. Sin embargo, solo en su diócesis, en el último trimestre del año 2014, fueron asesinados dos colaboradores diocesanos, tres catequistas y otros treinta y tantos cristianos. Además, se registran numerosos secuestros. Sobre todo, son secuestrados muchos niños y jóvenes que sirven a Boko Haram de “carne de cañón”, y otros son entregados por sus familias a cambio de dinero y falsas promesas. En un  periodo de pocos meses, Boko Haram se ha apoderado de dos mil niños y jóvenes cameruneses, entre ellos, también de niñas. 

 

Pero no solo los cristianos son víctimas del terror, sino también numerosos musulmanes: en muchos lugares se ha prendido fuego a mezquitas y se ha degollado a imanes que no estaban dispuestos a obedecer las consignas de Boko Haram. Ya en diciembre de 2013, la comunidad musulmana nativa de Camerún adoptó una clara posición contra Boko Haram, cada vez más firme desde entonces, asegurando que este grupo no tiene derecho a reivindicar que son musulmanes. Además, el Obispo ha asegurado que, a menudo, los musulmanes ayudan a los cristianos en peligro, y ha añadido: “Soportamos este sufrimiento con ellos”.

 

Las infraestructuras de la región –una de las más pobres de Camerún– están muy dañadas: debido al terror, más de 110 escuelas y 13 centros de salud han tenido que cerrar, y muchas comisarías han sido destruidas. Mucha gente ha tenido que huir. Tan solo en la diócesis de Maroua-Mokolo, más de 55.000 personas han huido de la violencia. Muchos se han alojado en casa de amigos y familiares, pero más de 22.000 se han refugiado en algún sitio en plena naturaleza. A la población nativa desplazada se unen decenas de miles de refugiados de Nigeria que también intentan ponerse a salvo del terror sembrado por Boko Haram: en total, más de un millón de personas, y varios miles de ellas, procedentes del norte de Camerún.

 

El Obispo de Maroua-Mokolo apela a la comunidad internacional: “Imploramos nos presten atención, recen por nosotros y nos ayuden. Ayúdennos a poner freno a esta brutalidad sin nombre que destruye toda esperanza en el porvenir y reduce a la nada el trabajo de varias generaciones de creyentes”. Mons. Ateba también elogia el valor de aquellos creyentes que, en muchos lugares y pese al peligro y el miedo, se siguen reuniendo para rezar. Para él, son “como luciérnagas de la fe que brillan en la noche”. 

 

Ayuda a la Iglesia que Sufre quiere apoyar con 14.900 euros la construcción de una sala polivalente para que los 5.200 refugiados católicos del campo de Minawao puedan reunirse para rezar y celebrar la Misa, además de recibir una atención pastoral.

Posted on 11 mayo, 2015 in Noticias

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