Una capilla para una escuela para niños con problemas visuales y auditivos

Hace exactamente cuarenta años se fundó la escuela de San Francisco para niños con problemas visuales y auditivos en Ahileijime, un poblado del llamado Cinturón Central de Nigeria. La escuela la dirigen religiosas de la congregación de las Esclavas del Santo Niño Jesús (Handmaids of Holy Child Jesus). Este centro escolar ha cambiado la vida de muchos niños, pues antes de su fundación, mucha gente estaba convencida de que los niños con discapacidades no servían para nada. Las familias y la sociedad se despreocupaban de ellos y, a menudo, eran objeto de burla. Cuando la Iglesia Católica abrió esta escuela, dio un valiente paso que ha cambiado muchas cosas. En la actualidad, muchos de sus antiguos alumnos trabajan y se ganan ellos solos el sustento, algunos incluso en la misma escuela. Además, también se percibe un cambio en las relaciones entre los padres y sus hijos ciegos o sordos.

En estos momentos, la escuela cuenta con 92 alumnos de edades comprendidas entre los 4 y los 18 años, la mayoría, sordos. También los padres aprenden el lenguaje de signos para poder comunicarse con sus hijos. Varias parroquias contribuyen con víveres al mantenimiento de la escuela, pero la mayoría de los padres no pueden aportar dinero, porque son pequeños campesinos que apenas ganan lo suficiente para dar de comer a sus familias. También la Diócesis de Gboko, en la que se encuentra la escuela, es pobre, pues es muy joven (fue erigida en el año 2012) y todavía tiene que invertir todos sus esfuerzos en desarrollarse y afrontar los crecientes desafíos económicos, políticos y sociales.

Pero la escuela de San Francisco necesita urgentemente una nueva capilla, pues la iglesia parroquial se encuentra a seis kilómetros de distancia, y para poder llevar a todos los niños a la iglesia es preciso que el minibús realice seis viajes de ida y vuelta. Por esta razón, los alumnos suelen acudir solo los domingos a Misa. Cuando es posible, un sacerdote acude a la escuela y celebra ahí la Santa Misa, pero cuando no hay un sacerdote disponible, los alumnos, los maestros y los demás empleados rezan por la mañana juntos y por la noche, rezan el Rosario. Por desgracia, la capilla actual es demasiado pequeña: ahí solo caben 60 personas, mientras que se necesita espacio para 120. También la ventilación del lugar es mala, por lo que las Misas a menudo se celebran a la intemperie bajo los árboles.

Como la escuela no deja de crecer y porque también la gente de los alrededores desea participar en la Misa, van a erigir una nueva capilla con espacio para 160 creyentes y Ayuda a la Iglesia que Sufre va a contribuir a ello con 25.000 euros.

Posted on 6 julio, 2015 in Noticias

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