Un milagro de vida entregado a los demás

P_Kenneth

Kenneth Iloabuchi, un sobreviviente del mar y de la guerra.

 

Durante más de dos años, este nigeriano refugiado de guerra, enfrentó a la muerte en una larga travesía por varios países de África hasta que llegó a Europa. Kenneth visita Colombia por primera vez, invitado por la Fundación ‘Ayuda a la Iglesia que Sufre’, para compartir su experiencia y dejarnos un gran mensaje de cara al proceso de paz que estamos viviendo.

 

Seguramente si nos mencionan la palabra Adazi-Nnukwu, además de estar seguros que no es una palabra del idioma castellano, tendríamos que recurrir a un libro, a Google o a cualquier otra ayuda, para saber qué es realmente y desconociendo que es un pueblo de Nigeria donde al igual que en todo el país africano, cada día mueren personas a causa de una guerra religiosa y que ha dejado más de un millón y medio de desplazados.

 

Sin embargo, también es el lugar donde nació el sacerdote Kenneth Iloabuchi, un milagro de vida, un luchador incasable que ha vivido en carne propia el sufrimiento y la muerte de cientos de africanos que cada día arriesgan su vida buscando un mejor futuro.

 

Su historia, que fácilmente puede servir de guión para una dramática película, es la evidencia de las oportunidades que Dios pone en el camino de las personas y la misión que cada uno tiene en la vida. Kenneth, el menor de siete hermanos y huérfano de padre a los ocho años, ha sobrevivido a las fuerzas del mar, del desierto y de las guerras humanas, para dar un mensaje de aliento y entregarle su vida a quienes más lo necesitan.

 

Quizás el sacerdote nigeriano ya estuvo enfrentado mucho tiempo a la muerte y por eso no duda ni un segundo en sonreír con la frescura y serenidad que lo caracterizan, abrazar a quien se le acerca y enviar un mensaje positivo a todos los que quieren conocer su historia. Un diálogo cargado de amor, paz y esperanza.

 

EN SUS PALABRAS

¿Cuándo decide dejar Nigeria?

Después de estudiar mi bachillerato en Nigeria, un amigo que en este momento está en Londres, me sugirió que nos fuéramos a Inglaterra para continuar con los estudios y hacer alguna carrera profesional.

 

¿Cuál era su sueño en ese momento?

Mi plan era estudiar derecho, yo quería ser abogado. Por eso hablé con mi madre y de inmediato fuimos a Lagos, una ciudad más grande, para buscar la información. Allí nos dijeron que debía irme para Marruecos, país fronterizo con España, nos dijeron que era fácil, que cuando llegáramos cogíamos un tren para Francia y luego otro para Inglaterra. Nos mostraron el mapa y todo, 14 kilómetros separaban a Marruecos de España. Sin advertirnos de los peligros y los riesgos a los que cualquiera se debe enfrentar.

 

¿Y de una vez tomó la decisión de emprender el viaje?

Sí, así lo hicimos. Nos dijeron que todos los viernes cuando los musulmanes empiezan a rezar, nosotros podíamos cruzar libremente. Y como España necesitaban emigrantes para trabajar en sus campos, la llegada iba a ser muy fácil. Ellos seguían asegurando que no tendrían peligro y muchos menos nos enfrentaríamos a la muerte.

 

¿Y cómo empezó la odisea?

Logramos llegar a Marruecos y en el primer intento de ida a Europa nos capturó la guarda civil de España, nos entregaron a la guardia de Marruecos y fuimos encarcelados durante tres semanas, luego nos dijeron que seríamos deportados y me subieron junto a 50 personas más, aproximadamente, en un camión. Arrancamos al medio día y llegamos por la noche a un desierto en la frontera entre Argelia y Marruecos, ahí nos dejaron tirados. Era un sitio muy peligroso, siempre militarizado; allí, fundamentalistas se filtran y cometen atentados, por eso la guardia tiene la autoridad de disparar y matar al que sea ante cualquier sospecha.

 

No empezó muy bien el tranquilo viaje que les habían prometido…

Es una locura, hay muchas personas de diferentes nacionalidades. Además en ese momento estábamos desamparados, ya habíamos estado en la cárcel y ahora estábamos en medio del desierto sin saber para donde caminar, pero con la única certeza de que nos teníamos que mover de ahí. Los 50 empezamos el camino, sin embargo en la madrugada se oyeron muchos disparos muy cerca lo que hizo que corriéramos y nos dispersáramos, al final quedábamos 20 personas no volvimos a saber nada de los demás. Sin embargo, gracias a Dios esa mañana nos encontramos con un pastor que estaba con sus ovejas y empezamos y nos indicó con señas, pues no entendíamos el idioma, cuál era la dirección para llegar Argelia.

 

Tal como el pastor que busca la oveja descarriada que se le escapó del rebaño, él los guió y les mostró el camino…

Bendito sea Dios, esas son las señales que el nos manda porque luego de caminar logramos llegar Argelia, una zona llena de bosque y muy insegura, donde nos tocaba andar de noche para que de día no nos vieran y nos mataran. Pero ahí también debo agradecer la ayuda de la gente, pues cuando caminábamos a oscuras por la carretera, nos lanzaban dinero que fue con el que pude volver a Marruecos, luego de más de ocho meses, para intentar emprender de nuevo el viaje.

 

¿Tenía contacto su familia?

No, fue hasta ese regreso a Marruecos que pude volver hablar con ellos y gracias a un amigo que conseguí que vivía en mi mismo pueblo y fue quien buscó a mi mamá y le dijo que estaba vivo. En ese momento pude recibir su ayuda y con ese dinero le pagué a las mafias, para que me ayudaran a cruzar el desierto. Ahí tampoco se puede hacer mucho, solo te dicen que camines derecho, es muy peligroso porque puedes empezar en un punto y a la semana volver al mismo lugar sin darte cuenta. De hecho por eso muchas personas mueren ahí, pues una vez estás perdido es muy difícil volver a encontrar tu camino.

 

¿Cuánto duró la caminata por el desierto?

Tres semanas. Ahí nos cruzábamos con algunas personas que vivían en medio del desierto. También con mujeres que justo aparecían cuando nos quedaban fuerzas para caminar. Su religión les prohíbe hablar con hombres y más si son extranjeros. Entonces lo que hacen es soltar pan o atún y salen corriendo. Yo lo veía como ese corazón de las madres que no les gusta ver sufrir a sus hijos.

 

Yo sufrí mucho después de experimentar la muerte de un compañero, quien luego de unos días sin agua y sin comida, cayó al piso y murió. Muchas veces te tienes que cruzar con esqueletos de personas que han muerto en la mitad del desierto, es aterrador. Lo más duro es que tu ni siquiera puedes tener la fuerza para ayudar, lloras y no salen las lagrimas.

 

Cuando por fin llegamos a la frontera, volví hablar con mi familia, me volvieron a mandar dinero para por fin cruzar a España, pero la mafia que se dedica a cruzar gente se marcho con mi dinero y el de todos los que habíamos pagado. Y para recaudar todo este dinero en África, es mucho tiempo y sacrificio. Por eso aguanté cerca de dos años, hasta que yo y mi familia pudimos conseguir otra vez la plata.

Esta vez con ayuda de Dios y a pesar de la pesadilla, entré a España.

 

¿Cómo fue la pesadilla?

Fue aterrador, después de meses encontramos dos barcas que harían el viaje, por eso después de pagar miles de cientos de dólares, arrancó la travesía. Fue miedoso desde el principio pues en mi pueblo no hay agua, no vez ríos, ni piscinas, mucho menos mar y es realmente aterrador. Es un sitio donde nunca me gustaría volver, ni a mis enemigos, aunque no conozco a los enemigos hasta ahora, le diría que vale la pena arriesgar la vida de esa manera. Lo que nos habían vendido como un viaje de cuatro horas se convirtió en una eternidad. Pero lo peor fue cuando entramos al Atlántico y una gran ola volteó la balsa donde iba con 99 personas más. Fue como una película de terror. Sinceramente no duró más de ocho segundos, fue muy rápido. La única cosa que recuerdo perfectamente es cuando todo el mundo grita, llora y levanta las manos intentando salvarse. Se apago todo, como en un teatro cuando se acaba la película y te das cuenta de que se acabó. El peor de los pecadores ese día se convirtió después de haber visto la muerte tan cerca. Yo recuerdo que mi promesa fue que si Dios me salvaba me entregaría a su servicio. Ya no quería ser abogado quería agradecerle a Dios por mi vida, era lo que tenía en el corazón.

 

¿Y cómo se salvó?

En la mañana fui rescatados por la guardia civil española y me llevaron a otra ciudad donde también fui encarcelado, fue una semana, pero yo estaba muy contento, cantaba feliz en la cárcel, estaba celebrando que estaba vivo. Después me llevaron a un juzgado y ahí el juez me dio 48 horas para irme y empezar mi camino.

 

Un conocido me dijo que podía ir a Murcia y encontrar trabajo sin papeles. Así que ese fue mi primer destino, trabajé en el campo mucho tiempo, hasta que encontré un trabajo en la construcción donde estuve cerca de 4 años y donde confieso que tuve novia, nos llevábamos bien, estuvimos planeando casarnos. Pero los planes de Dios son perfectos.

 

¿Cómo se empezó acercar a la iglesia?

Por el idioma, yo iba a iglesias evangélicas y uno de esos días, saliendo de una de esas iglesia, me llamó mi madre, me preguntó si iba a ir a la misa católica y tuve que mentirle para que no se enojara. Pero también me quejé y le dije que no entendía nada de español. Pero me dijo que tranquilo que lo importante era la fe y que a la mejor me iba ayudar a conocer el idioma y la cultura española. Gracias a esa conversación, decidí que la siguiente semana entraría a una iglesia católica.

 

Para mi sorpresa el primer día que fui me recibió el padre Jesús, quien interrumpió su predicación para invitarme a seguir, yo aunque poco entendía y todos me miraban, caminé hasta el frente y me senté a oírlo. Lo único que le había entendido, por la relación que tienen las palabras en inglés y en español, fue que la iglesia es universal.

Yo quería ser como él, un hombre de Dios, muy cercano a la gente y que daba su vida por los demás. Fue cuando pensé que verdaderamente podía agradecerle a Dios de alguna manera, todo lo que había hecho por mí. Nació una linda relación, la que me llevó a que iniciara el curso del pre-seminario y luego el seminario.

 

¿Cómo le dijo a su novia?

Ella no sabia nada, durante el curso de pre-seminario yo cada 15 días iba y volvía, con la excusa de visitar amigos. Yo no estaba muy seguro hasta que el día de cierre el sacerdote que dio la misa me preguntó si tenia miedo de entregarle la vida a Dios me recordó que yo no era el dueño de mi vida y que Él en cualquier momento me la podía reclamar.

 

Realmente yo vivía con mucho miedo, miedo de ser un sacerdote y no saber como predicar, como salir frente al altar, de decirle a mi novia, de todo lo que había vivido, pero Dios me dio la confianza y la última señal. Quería saber que me diría la persona con la que estaba compartiendo mi vida. Me acuerdo que sudé mucho, estaba nervioso pero con la fe en Dios, entonces hablé con mi novia, le dije que yo quería ser sacerdote y después de casi un minuto de silencio y sorpresa, me dijo con una sonrisa que si eso me iba a ser feliz, ella me apoyaría, no necesitaba nada más. Así que ingresé al seminario gracias a Dios el 29 de septiembre de 2013, me convertí en sacerdote en la diócesis de Cartagena, España.

 

¿Ha pasado por muchos momento de susto y angustia que has podido superar, en este momento hay algo a los que le tenga mucho miedo?

Sí, me da miedo lo que va a pasar con la gente que sigue caminando, los que van a salir esta noche, ellos no saben a lo que se van a enfrentar.

Muchas veces cuando he ido a Nigeria, lo que hago es llamar la atención de la gente para decirles que todo lo que está brillando no es oro. Uno oye muchas cosas apasionante de lo que puede hacer en Europa, pero tienen que saber que pueden perder su vida. No vale la pena emprender ese viaje de vida y muerte, es una realidad. Unos van a morir esta noche, otros morirán mañana, eso no puede pasar.

Cualquier cosa que yo pueda hacer para que las personas tengan la oportunidad de conocer la verdad sobre la inmigración lo haré.

 

¿Cree posible el acuerdo para la paz que se está realizando en este momento en Colombia?

Yo creo que ha llegado el momento de la paz, el pueblo de Colombia nunca debe despreciarla. Debe acogerla con alegría y trabajar todos juntos para poder conseguirla. La persona que ha sufrido la guerra y que ha visto muchas dificultades en la vida, primero lo que tiene que elegir es la paz, el diálogo, la paciencia, la esperanza y el perdón. Hay que ceder en algunas cosas para buscar el bien.

El pueblo de Colombia ha sufrido mucho y ha llegado el momento de que todos juntos le digan a Dios que todos juntos conseguir la anhelada paz y que así sea para siempre.

¡Ánimo a los que están trabajando incansablemente para lograr la paz! Y también a los dirigentes de la iglesia y de la sociedad, ya que son influencia para que todos puedan formar el camino.

 

MÁS DE CERCA

 

El Estado Islámico es el principal generador de refugiados en el mundo. Según datos de ACNUR (Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados) se calcula que más de 10 millones de personas en el mundo han tenido que abandonar sus casas por los islamistas en los últimos cinco años. Irak, Afganistán, Siria y Nigeria son los que más sufrieron esta persecución. En Nigeria, Boko Haram, grupo terrorista islamista adherido a ISIS (Estado Islámico) provocó el éxodo de más de 200.000 personas a países vecinos (Camerún, Chad y Níger) desde mediados de 2011 al menos 1,5 millones de personas han sido desplazadas dentro de Nigeria, principalmente en los estados del norte del país, de mayoría musulmana.

 

¿Además de sus estudios, la guerra fue otro motivo para salir de su país?

Sinceramente yo buscaba una vida mejor los problemas interreligiosos entre los musulmanes y los cristianos son muy fuertes y violentos. La violencia hace que uno pierda todo, siempre nos perseguían, por eso decidí que iba a buscar una vida nueva.

 

La Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre es una de las más activas en el mundo en ayuda a los refugiados, tiene sede en 21 países y apoya iniciativas en más de 140 estados. Con la ayuda de sus benefactores logra financiar más de 5.000 proyectos por año en el mundo entero. Es una de las entidades que más apoya a los refugiados cristianos en países como Siria, Irak, Nigeria, Líbano y Jordania. La Fundación en Colombia actualmente realiza una campaña para ayudar a reconstruir las iglesias en Nigeria en las regiones donde han sido víctimas de Boko Haram.

 

¿Cómo se siente de hacer parte de las iniciativas de ayuda a los refugiados?

Es impresionante lo feliz que me hace, por eso doy gracias a Dios de manera especial por la Fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre, porque a través de ellos estoy involucrado ayudando a los que verdaderamente lo necesitan.

Hay unos refugiados, que nadie, ni el gobierno, ni personas, piensan en ellos y simplemente no pueden sobrevivir. Gracias a Dios yo he podido sentir el dolor de la gente. Es apasionante dar la vida por los demás y por eso puedo decir que es un trabajo que cuesta, pero al final de la jornada te deja satisfecho con los que se hizo.

 

 

 

 

 

 

Posted on 13 noviembre, 2015 in Noticias

Share the Story

Back to Top