Ucrania: «Sin vocación, aquí no se aguanta»

«Sacerdotes sin vocación no aguantan aquí, en Ucrania», dice Bronisław Bernacki, Obispo católico romano de Odessa-Simferopol en una conversación mantenida con «Ayuda a la Iglesia que Sufre». «Para aguantar aquí hay que estar loco por Dios». Todo está por hacer: en muchos lugares no hay iglesia, y el sacerdote tiene primero que buscar a los fieles y hacer labor pionera. En una población, la iglesia se convirtió durante el periodo comunista en una estación de autobuses; estaba completamente devastada y húmeda. El sacerdote polaco que fue allí intentó recolectar dinero en Polonia, recorriendo ejercicios; pero apenas obtuvo algo. «Delante de mí lloraba como un niño», dice el Obispo.

 

En otra parroquia se devolvieron a la Iglesia, en 2002, algunos locales desmantelados en un sótano. Mons. Bernacki relata: «estuve presente cuando se abrieron; estaban húmedos y llenos de ratas gordas». El Obispo dispone de una pensión de 50 euros, porque trabajó cuando era joven en una granja colectiva: «apenas llega para la gasolina, cuando viajo hasta los límites de mi diócesis», dice. «Pero nunca he pedido a una parroquia ni un céntimo para la gasolina. Cuando visito a sacerdotes, intento llevarles algo».

 

Un gran problema para la Iglesia católica en Ucrania consiste en que muchos de los edificios que le pertenecían no han sido devueltos. Si los edificios pertenecen al Estado, hay posibilidad de que sean devueltos; pero si han sido vendidos a personas particulares, la Iglesia tiene que comprarlos a los nuevos propietarios. La catedral de Odessa se utilizó durante la era soviética como pabellón de deportes; en el interior se construyó un falso techo. En 1991 fue devuelto el templo, pero los edificios colindantes, que también pertenecían a la Iglesia, no volvieron a su propiedad. Los pocos locales que consiguió recobrar, ofrecen demasiado poco espacio. Incluso los sacerdotes están alojados provisionalmente. Uno vive en la habitación de otro sacerdote que está siendo tratado por médicos en Polonia. El Obispo auxiliar Jacek Pyl, responsable de Crimea, adonde no puede volver actualmente, está viviendo en la habitación de un sacerdote que actualmente estudia en Roma. Hasta hace poco, Mons. Bernacki estaba alojado en la torre de la iglesia hasta que —con el apoyo de «Ayuda a la Iglesia que Sufre»— pudo comprar un piso en una casa que perteneció antiguamente a la Iglesia. Antes, también los edificios de alrededor pertenecían a la Iglesia, pero los nuevos propietarios piensan que la Iglesia es rica y exigen unos precios desorbitados; otros no quieren vender su vivienda.

 

La archidiócesis de Kiev-Zhytomyr sufre asimismo una elevada carencia de espacio; el párroco de la catedral de Kiev vive en una de las torres de la catedral, y el Arzobispo Petro Herkulan Malchuk tiene que atravesar la vivienda de una familia ajena cuando quiere entrar en su pequeña vivienda. Para las necesidades de la Archidiócesis apenas se dispone de locales.

 

La parroquia católica romana de San José en Dniepropetrovsk es un ejemplo especialmente impresionante. El templo fue requisado por los comunistas en 1949; levantaron una nueva fachada y lo declararon «monumento del comunismo». El interior se dividió en dos plantas, en las que entre otras cosas se alojaban oficinas del partido. En 1998, el edificio fue vendido ilegítimamente a una empresa; desde entonces ha cambiado en varias ocasiones de propietario. En julio de 2007 los fieles que se habían reunido a rezar pacíficamente delante de la antigua iglesia fueron amenazados y atacados por fuerzas de seguridad por encargo de la empresa. Fueron golpeadas incluso señoras mayores. Una y otra vez amenazaron con violencia a los fieles que, día a día, se reunían para rezar de rodillas en la acera, pidiendo por la devolución del templo. Solo en 2009 fue devuelta a la Iglesia católica tras un largo y complicado litigio. Los fieles trabajaron duro para prepararla con sus propias manos para la nueva consagración. Los trabajos de remodelación se llevaron a cabo con el apoyo de «Ayuda a la Iglesia que Sufre». A la bendición de la iglesia acudieron obispos, sacerdotes y laicos de toda Ucrania. La ceremonia comenzó con una procesión con el Santísimo Sacramento por las calles vecinas que aún hoy siguen llamándose «Calle de Lenin», «Calle de Marx» y «Konsomolskaja» (calle de la organización juvenil comunista Komsomol).
Cada vez más personas acuden a las iglesias; sin embargo en todos lugares se habla de lo importante que es un templo en condiciones, para que la población tenga confianza a asista a los servicios litúrgicos: si la Misa se celebra en una casa particular, como era —y en muchas poblaciones sigue siendo— necesario hacer en muchos lugares por no disponerse de iglesias, muchas personas tienen miedo de que se trate de una secta.

 

En muchas poblaciones, «Ayuda a la Iglesia que Sufre» ha prestado ayuda para construir o remodelar iglesias y locales para catequesis. Todos los representantes de la Iglesia dicen unánimemente que rezan frecuentemente por todos los benefactores y que ofrecen la Misa por ellos. «Sin su ayuda no habríamos podido hacer lo que hemos conseguido hasta ahora», dice el Obispo católico griego de curia Bohdan Dzyurakh. En la parroquia católica griega de Ihor Tabaka en Lubotyn, cerca de Kharkiv, donde este año pudimos aportar 25.000 euros para la construcción de la nueva parroquia, las familias incluso se alternan para rezar cada semana el rosario por todos los benefactores.

 

Solo el pasado año, «Ayuda a la Iglesia que Sufre» aportó 5,1 millones de euros en concepto de ayudas en Ucrania.

 

por Eva-Maria Kolmann

Posted on 25 agosto, 2015 in Noticias

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