Ucrania: “La gente reza y llora por pura impotencia”

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Informes de testigos oculares de Ucrania oriental: Pese al alto el fuego, las luchas continúan

Mariupol (Ucrania oriental), a finales de septiembre de 2014. Oficialmente, se ha decretado el alto el fuego entre los separatistas prorrusos de Donetsk y Lugansk y el Ejército ucraniano, o, al menos, ese era el acuerdo alcanzado entre los Gobiernos de Kiev y Moscú bajo la mediación internacional. Sin embargo, el día a día en Mariupol, a orillas del Mar de Azov, refleja una realidad diferente. “Por la noche nos despertamos con el ruido de las detonaciones; pese al alto el fuego se lucha. Aquí, la gente se siente totalmente impotente; acuden a las iglesias, donde rezan y lloran”, informa el P. Leonardo en una conversación telefónica con colaboradores de la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada. “Escriban sobre ello”, nos pide este religioso paulino, quien junto a otro miembro de la orden, el P. Pawel, se ha propuesto permanecer en Mariupol, “pues tal vez la gente crea a un sacerdote que ha vivido todo esto y comprendan lo que ocurre aquí en realidad”.

En Mariupol, una ciudad industrial portuaria ubicada a casi 50 kilómetros de la frontera rusa, viven unas 500.000 personas. Antes de la guerra civil, prácticamente todo lo que ahí se producía se exportaba a Rusia. Ahora, las fábricas –sobre todo, de acero– están cerradas y la gente no tiene trabajo. En su lugar, se lucha. Según se dice, los separatistas prorrusos quieren ocupar la ciudad para abrir un corredor que la comunique con la península de Crimea, anexionada por Rusia hace algunos meses. El P. Leonardo señala: “Somos sacerdotes y nos ocupamos de la gente, tanto de civiles como de soldados. Escuchamos la confesión, celebramos la Misa y distribuimos víveres, ropa y medicinas”. Ayuda a la Iglesia Necesitada ha puesto a disposición de la Diócesis de Járkov-Zaporizhya 10.000 euros para lo más imprescindible. El Obispo Auxiliar Jan Sobilo, también responsable en la diócesis de la región de Mariupol, confirma en una conversación telefónica: “Con este dinero podemos aliviar la necesidad más acuciante. Entre otros, nos permite comprar ropa y medicinas, y ofrecer una atención médica a la gente”.

Al P. Pawel también le preocupa mucho la situación de los soldados ucranianos, que viven en condiciones difíciles. Así nos lo explica: “Están mal equipados y duermen en surcos cavados en la tierra. Vienen a confesarse y en busca de apoyo, y también nos piden que nos pongamos en contacto con sus familiares y que enviemos fotos suyas a sus madres y esposas”. Según sus palabras, las condiciones de vida son duras y las luchas, encarnizadas. Así, en breve enterrarán a 55 jóvenes soldados cuya identidad no se ha podido determinar de forma unívoca debido a la extrema desfiguración de los cuerpos. En el funeral participarán sacerdotes greco-católicos, ortodoxos del Patriarcado de Moscú y protestantes. El P. Leonardo asegura: “Los cristianos rezan por la paz. En una reciente marcha ecuménica por la paz han participado unas mil personas. Todos anhelan el fin de la guerra”.

Según este sacerdote, los habitantes de Mariupol se sienten inseguros, y por miedo a los francotiradores evitan determinadas zonas. Tampoco los religiosos con sus hábitos blancos pueden dejarse ver en cualquier sitio si no quieren ser blanco de los disparos. Sus vehículos solo los utilizan para distribuir paquetes de ayuda porque temen que les sean confiscados. En estos momentos, el abastecimiento de la ciudad es limitado y, pese a estar a las puertas del invierno, lo más probable es que se racione la electricidad y el gas, pues Rusia ya no suministra este último.

 

Reinhard Backes, press@acn-intl.org

Posted on 2 octubre, 2014 in Noticias

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