Triste Navidad para los cristianos de Tierra Santa

A pesar de la visita del Papa: mal año para los cristianos de Tierra Santa

por Oliver Maksan

Musa tiene más de setenta años. Melancólico, mira hacia el silencioso valle con sus olivos centenarios. Aquí también se cultivan frutales y un conocido vino. Este cristiano ortodoxo procedente de Beit Jala, cerca de Belén, ha conocido muchos sufrimientos en Tierra Santa durante su larga vida: guerras, intifadas, huidas y desplazamientos. Pero nada le afectó tanto como la amenaza de expropiación de sus tierras. «Si el ejército israelí se sale con la suya, me pueden quitar mis tierras y construir su muro sobre ellas. Es como si me dieran una puñalada en el corazón. Desde hace muchos años, esos olivos son propiedad de mi familia. Nos alimentan; pero nos quitan mucho más que nuestras tierras y nuestros ingresos: nos quitan nuestra identidad».

Lo mismo que a Musa les sucede a otras 57 familias cristianas de Beit Jalla, una población vecina a Belén, en la que viven principalmente cristianos. Están afectados, directa o indirectamente, por la confiscación de tierras: bien porque se alzará sobre sus terrenos la franja fronteriza, bien porque el acceso a sus terrenos se dificultará o incluso imposibilitará. La mayoría de los aproximadamente 45.000 cristianos de Palestina vive en esta región, el triángulo cristiano formado por Belén, Beit Jala y Beit Sahur. La imagen urbana está marcada por torres de iglesias y cruces, no por minaretes. Por la confiscación de terrenos están amenazados también dos monasterios cristianos. Desde hace meses el Tribunal Supremo de Israel en Jerusalén está tratando —en última instancia— la cuestión del recorrido del muro. El ejército dice que el muro entre Israel y los territorios palestinos ha de ser construido de esa manera y de ninguna otra, que los motivos de seguridad no permiten otro recorrido. Los palestinos no creen en ello; piensan que Israel solo quiere anexionar tanto terreno como sea posible para construir sus colonias. Se espera que la sentencia se dicte próximamente. «Rezamos para que se elija una ruta alternativa, que deje sus terrenos a los monasterios y las familias», dice el Obispo Shomali, del Patriarcado Latino, responsable de los territorios palestinos. Desde innumerables viernes, los fieles se reúnen en los olivares del valle de Cremiso para celebrar la Misa y rezar. También han enviado una carta a Roma, al Papa. «Seguimos creyendo en la justicia y esperamos lo mejor —dice Mons. Shomali—. Ruego a los benefactores de Ayuda a la Iglesia que Sufre que recen con nosotros, para que nos reconozcan nuestro derecho».

Pocos kilómetros más allá, en la plaza del Nacimiento delante de la Iglesia de la Natividad de Belén, el estado de ánimo no es mejor. Los comerciantes que venden cruces, belenes y rosarios en las tiendas alrededor de la plaza, se quejan. Después de un año de violencia en Tierra Santa no tienen clientes. «Estábamos esperanzados cuando nos visitó el Papa en mayo. Después se reunieron en Roma, para rezar por la paz, el Presidente de Israel Peres, nuestro Presidente Abbas y el Papa. ¿Pero, que sucedió después? La situación es todavía peor que antes», dice George Azenian, cristiano ortodoxo armenio. Regenta, en la tercera generación, un comercio de artículos de devoción cerca de la Iglesia de la Natividad. «Primero se produjo la guerra de Gaza, después la violencia en Jerusalén: la gente tiene miedo y no viene. Tenemos pérdidas enormes en comparación con el pasado año. No todos las pueden compensar. Esperemos que al menos los negocios durante los días de Navidad sean buenos». 19 familias cristianas, sobre todo ortodoxas, han abandonado Belén durante los últimos meses para dirigirse a Occidente. No ven ningún futuro para ellos y sus hijos en la ciudad de David y de Jesús.

También de Gaza emigran cada vez más cristianos. En los últimos diez años se ha marchado la mitad de los 2.500 cristianos que aquí vivían; actualmente ya solo son unos 1.300 cristianos entre los más de 1,8 millones de personas a los que asciende la población en esta franja a orillas del Mediterráneo. Los católicos son una minoría dentro de la minoría; apenas quedan 170. «La guerra del verano afectó considerablemente a nuestra Iglesia», dice el Arzobispo Alexios, cabeza visible de la Iglesia ortodoxa griega, a la que pertenece la mayoría de los cristianos en Gaza. En los bombardeos murió una cristiana; otros resultaron gravemente heridos. El cementerio ortodoxo sufrió daños, al igual que edificios de la Iglesia católica y ortodoxa. «Pero con la ayuda que prestamos a los musulmanes que habían quedado sin techo tras los bombardeos israelíes adquirimos mucho prestigio en la sociedad», dice Alexios. Sin embargo, la situación humanitaria en la región sigue siendo tensa. Decenas de miles de personas siguen sin casa. Las lluvias de las últimas semanas han inundado la Franja de Gaza. Las Naciones Unidas declararon el estado de excepción. Por falta de una auténtica perspectiva, desde el verano cinco familias cristianas han abandonado la región para dirigirse, entre otros países, a Bélgica.

Por su parte, los cristianos de Israel tienen preocupaciones diferentes a las de sus hermanos en los territorios palestinos. Aproximadamente 160.000 cristianos, de los que un ochenta por ciento son árabes, viven entre una población total de más de ocho millones de personas. Las actuales discusiones sobre el carácter de Israel como Estado judío —el gobierno saliente de Netanyahu quiere dictar una ley que defina a Israel como tal— amenazan con hacer que la población árabe se sienta aún más desplazada en Israel. «Estarán más convencidos que hasta ahora de que no son bienvenidos aquí», dice el franciscano Pierbattista Pizzaballa, Custodio de Tierra Santa, en una conversación con «Ayuda a la Iglesia que Sufre».

No ha sido un buen año para los cristianos de Tierra Santa. Para Musa, el anciano de Beit Jala, lo peor todavía se puede producir. «Si nos quitan nuestra tierra será una Navidad muy triste».

Posted on 16 diciembre, 2014 in Noticias

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