Siria: “Un conflicto demoníaco”, según Halemba

ACN-20150416-23031

 

Tras su visita a Siria, el responsable de Próximo Oriente en «Ayuda a la Iglesia que Sufre» habla del miedo, pero también de la esperanza de los cristianos

Königstein/Damasco, 10-06-2015. Miedo, pero también esperanza son actualmente las notas dominantes en la comunidad cristiana de Siria, como subraya Andrzej Halemba, responsable de Próximo Oriente en la Fundación Pontificia Internacional «Ayuda a la Iglesia que Sufre», tras su regreso de Siria. «Había estado en enero con nuestros socios en los proyectos sobre el terreno; pero en esta última visita he notado un cambio claro del estado de ánimo. Desde entonces se han venido acumulando las malas noticias. Las recientes conquistas de los rebeldes en Idlib y otros lugares preocupan a los cristianos, sobre todo en Alepo. Tienen miedo y creen que en su ciudad se producirá todavía más violencia. Los barrios cristianos de Alepo fueron duramente atacados por los rebeldes en abril. La moral de los habitantes está quebrada», dice Halemba, quien estuvo a finales de mayo en diversos lugares de Siria, en una visita de varios días de duración. «A esto hay que añadir que el Líbano cerró a comienzos del año prácticamente sus fronteras para refugiados sirios. Esto afecta especialmente a los cristianos, que se topan con dificultades en otros países de la región; han huido preferentemente al Líbano. Ahora tienen la sensación de que están en un callejón sin salida».

Pero en otros lugares —continúa diciendo Halemba— se ha encontrado con cristianos esperanzados. «En Maaloula, pero también en Yabroud y Homs, hay una auténtica voluntad de reconstrucción. La población vuelve a los lugares liberados por el Gobierno sirio y reconstruyen sus casas e iglesias destruidas. Se vuelven a abrir escuelas, por ejemplo la escuela melquita de Yabroud. A pesar de los años de la guerra, todavía hay mucha energía y mucho potencial, lo cual me ha reforzado y animado a mí mismo en mi trabajo. Nosotros, de «Ayuda a la Iglesia que Sufre», tenemos que apoyar a los cristianos especialmente en la restauración de sus iglesias; las iglesias rehabilitadas son como un faro que da esperanza a las personas y que les trasmite la sensación de normalidad». «Ayuda a la Iglesia que Sufre» apoya también proyectos pastorales como clases de catecismo para niños y jóvenes, añade Halemba. «Los católicos tenemos que conocer nuestra fe; de este modo conseguimos fortaleza también en tiempos difíciles».

Halemba subrayó que, sin embargo, gran parte de las ayudas prestadas por «Ayuda a la Iglesia que Sufre» se emplean para ayuda de emergencia. «Desde comienzos de año hemos concedido aproximadamente dos millones de euros. Para nosotros, lo decisivo es ayudar a que los cristianos puedan quedarse en Siria, pues los que tenían recursos ya se han ido; los que se han quedado son los pobres, que no disponen de ingresos, o solo tienen sueldos pequeños. Pero los precios son altos, por lo que dependen de la ayuda de la Iglesia», dice Halemba. «Ayuda a la Iglesia que Sufre» —expone Halemba— ayuda a los afectados, mediante socios eclesiásticos in situ, con ayudas para el alquiler, alimentos y artículos de higiene. «Los sacerdotes se dirigen a la gente, no al revés. Lo he podido observar bien en Marmarita; en este ciudad cristiana han encontrado refugio muchos cristianos de Alepo. Está completamente llena y los alquileres han explotado; lamentablemente en muchas ocasiones se aprovechan de la necesidad de los refugiados. Es muy alentador ver lo agradecidos que están».

Los problemas de Siria son, en general, inmensos, como subraya Halemba. «Ya han abandonado Siria cuatro millones de personas; se han marchado 15.000 médicos. La mitad de las escuelas están cerradas; sobre todo los enfermos de gravedad se encuentran en una situación precaria; hay cálculos según los cuales en esta guerra han muerto más personas por falta de atención sanitara que en las luchas; algunas personas de la Iglesia hablan de que han muerto más de 350.000 personas por este motivo, en comparación con los más de 220.000 muertos en las luchas; pero para mí, lo peor fue oír que en este conflicto se ha matado a más niños que mujeres; a los padres les han quitado conscientemente en muchas ocasiones toda esperanza; esto muestra lo demoníaco que es este conflicto».

 

 

 

Posted on 10 junio, 2015 in Noticias

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