Portadoras de esperanza en medio del sufrimiento

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“África es un continente mártir. Ha sido mártir de la explotación a lo largo de su historia. Yo amo a África porque ha sido tan a menudo víctima de otras potencias”.

El sufrimiento de África no es el único motivo del amor que siente el Papa Francisco por este continente; también le entusiasma la vitalidad de los africanos. Ambas cosas, martirio y vitalidad, se ha hecho, por así decir, carne en las Hijas de la Resurrección. Durante el genocidio de 1994, varias fueron asesinadas y otras expulsadas de sus conventos, que fueron pasto de las llamas. En enero de 1998, seis Hermanas fueron masacradas a machetazos y una séptima sobrevivió gravemente herida.

En agosto del mismo año, unos rebeldes mataron a otras tres religiosas en Kasika, en el este de la República Democrática del Congo, junto a un sacerdote y más de 70 fieles. En agosto de 2009, los rebeldes asesinaron en la misma región a tres Hermanas, un sacerdote y veinte fieles. A menudo se vieron obligadas a huir pero siempre regresaron “para permanecer al lado de nuestro pueblo”, como dice la Madre Superiora Pétronelle.

Ninguna otra congregación es tan africana a la hora de sufrir, ayudar e infundir esperanzas. Estas religiosas personifican la resurrección de África desde el amor y les muestran a los africanos que su patria tiene un futuro. Dan ejemplo con el duro trabajo que realizan cultivando el campo. Ayudan a enfermos de sida, trabajan en hospitales y consultorios, enseñan a las jóvenes madres Nutrición e Higiene, además de enseñarles a coser, y se ocupan de los pequeños en los jardines de infancia. A sus comedores acuden a diario más de 5.000 personas, y no pocas se salvan así de una muerte por inanición.

Cuidan de sacerdotes ancianos y enfermos, imparten la catequesis y organizan grupos de oración. Además, rezan mucho… ¿Cómo si no podrían ser fuente de tanta misericordia? Christine, Antoinette, Marie-Josée, Immaculée, Bellancile, Marie-Claire y Léonie: estas son las novicias más jóvenes, que pronto se unirán a las más de 200 religiosas repartidas por cuatro países (Ruanda, Camerún, República Democrática del Congo y Brasil). Muchas carecen de formación, pero en la congregación aprenden una profesión y habilidades manuales. Provienen de poblados y una vez al año permanecen varias semanas junto a sus familias para no olvidarse de las profundas raíces de la cultura africana, y para impregnar esta cultura del espíritu cristiano con sus actividades.

Este año la congregación celebra sus bodas de oro. La idea de crear una congregación femenina genuinamente africana la tuvo la Madre Hadewych, una religiosa misionera belga. El Padre Werenfried, al que las Hijas de la Resurrección llaman “Papá Fundador”, prometió ayudarlas desde el principio, y así ha sido hasta ahora. Sin la ayuda al sustento y la formación de Aid to the Church in Need (ACN), África carecería ahora de estas 200 alegres portadoras de esperanza.

Posted on 18 marzo, 2016 in Noticias

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