¿Por qué nos han atacado?

Las víctimas de los ataques tuvieron que huir cuando los habitantes del pueblo saquearon edificios de la Iglesia.

 

Königstein/Surrey, 01-03-2016. Un Obispo de Etiopía ha expresado su horror después de que las mismas personas a las que ayudan sacerdotes y religiosas incendiaran y saquearan el terreno de una iglesia.

En un mensaje enviado a la Fundación Pontificia Internacional Aid to the Church in Need (ACN), Mons. Abraham Desta describe cómo la parroquia de Gighessa —«una de las más antiguas y más grandes del Vicariato de Meki»— fue atacada por «las mismas personas para las que trabajamos y con las que colaboramos muy estrechamente».

Mons. Desta, Vicario Apostólico de Meki, describe cómo los habitantes del pueblo «incluyendo jóvenes y viejos, mujeres y niños… comenzaron a tirar piedras y a destruir las propiedades de la iglesia», incluyendo la casa sacerdotal, el centro pastoral diocesano, un pequeño convento de ursulinas y una clínica especializada en cuidados de personas con discapacidades.

Más de 55 personas de todo el mundo, que estaban asistiendo a una conferencia sobre educación pre-infantil en el centro pastoral, se pusieron a salvo; pero las religiosas se quedaron, pues no quisieron dejar solos a los pacientes en la clínica, hasta que también estos tuvieron que huir.

Después de incendiar la casa presbiteral, los atacantes se llevaron las provisiones de alimentos para un año, así como el ganado, por ejemplo vacas.

Mons. Desta continúa: «las ursulinas fueron las últimas en salir de la clínica con los pacientes, a quienes no quisieron dejar solos, pero el populacho no tuvo compasión de ellas».

Después de exigir que les entregaran todos los bienes de la clínica, «comenzaron, delante de las religiosas, a destruir y a llevarse todo, incluyendo la ropa personal. Lamentablemente, nadie acudió a ayudar a las religiosas, pero gracias a Dios consiguieron llegar a Shashamane, la parroquia más próxima, con los pacientes; allí pasaron la noche».

Los pacientes están ahora siendo atendidos en Shashamane, añadió.

«Han perdido todo, con excepción del precioso don de la vida, que nos ha regalado Dios Todopoderoso. Y es triste decir que todo esto se debió a las personas de la localidad, a quienes las religiosas han servido y a quienes conocían muy bien; si bien no a todos ellos, en definitiva sí a un número muy elevado de ellos».

Comentando estos incidentes, que tuvieron lugar el 18 de febrero, Mons. Desta confirmó que las personas que participaban en la conferencia lograron escapar sin sufrir daños.

«El Señor fue tan bueno que hizo posible que los participantes salieran del lugar en muy poco tiempo, sanos y salvos. Pero poco después de que ese grupo abandonara el lugar, los canallas volvieron y prendieron fuego a la casa sacerdotal… y destruyeron el vehículo Toyota y todos los edificios… Además se llevaron todo lo que pertenecía al centro —el mobiliario, incluyendo más de 250 camas, colchones, más de 700 mantas, sábanas, colchas, cuatro o cinco frigoríficos y congeladores, lavadoras, televisores, generadores, fotocopiadoras, ordenadores, e incluso las puertas y las ventanas de la casa».

Dejaron «el lugar completamente destruido y vacío; no dejaron nada ni siquiera en la cocina»

Los atacantes se llevaron más de 12.000 kg de alimentos como trigo, arroz y pasta, que eran las provisiones del centro para todo el año. Asimismo se llevaron las vacas y las gallinas que se guardaban en una pequeña granja junto a la parroquia.

El único edificio que no atacaron en la propiedad fue la escuela.

Mons. Desta añade: «Hoy, la cuestión que nos planteamos en nuestras mentes y en nuestros corazones es: ¿Por qué, Señor? ¿Por qué lo has permitido? Espero que a su debido tiempo, el Señor nos dé una respuesta».

Pero el Obispo pasó a narrar cómo Dios les mostró que estaba con ellos durante los ataques.

«El Santísimo Sacramento quedó atrás porque los sacerdotes y las religiosas no estaban en condiciones de volver a la iglesia. Pero, para nuestra sorpresa, dos muchachas católicas de Gighessa fingieron formar parte de los atacantes y volvieron al día siguiente para salvar el Santísimo Sacramento y llevarlo a la parroquia de Shashamane. A través de estos incidentes, el Señor nos recuerda que está con nosotros hasta el final de los tiempos».

Por John Newton, press@acn-intl.org

Posted on 18 marzo, 2016 in Noticias

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