PADRE MOURAD: MIS DÍAS EN PODER DEL ESTADO ISLÁMICO

Foto de María Lozano.

“Unos hombres encapuchados entraron en el monasterio de Mar Elian (San Elías) y nos secuestraron a mí y a nuestro voluntario, Boutros. Nos obligaron a montarnos en un coche para dejarnos luego durante cuatro días, con los ojos vendados y encadenados, en medio del desierto. Después nos llevaron a Raqa, el bastión del Estado Islámico”. Así comienza el relato del P. Jacques Mourad, un religioso sirio secuestrado por el Estado Islámico el 21 de mayo y puesto en libertad el 10 de octubre pasado. En una conferencia de prensa organizada por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre, este monje perteneciente a la comunidad monástica fundada por el P. Paolo Dall’Oglio, Deir Mar Musa, ha relatado por primera vez las circunstancias de su largo secuestro.
“En Raqa nos tuvieron encerrados en un minúsculo baño”, ha proseguido el P. Mourad. “Escogieron a propósito ese espacio para humillarnos, pero nuestra misión consistía en ser humildes, incluso frente a la violencia”. En aquel minúsculo baño, el religioso permaneció 84 días. “Los yihadistas nos insultaban a menudo, pero los momentos más difíciles eran aquellos en los que nos metían miedo: “O bien os convertís al Islam o bien os cortamos la cabeza”. Durante los largos meses de encierro, el P. Jaques encontró consuelo en el rezo del Rosario y en la Oración de abandono de Carlos de Foucauld, “una víctima de la violencia que consagró su vida al diálogo cristiano-musulmán”. También el P. Mourad ha convertido el diálogo interreligioso en el alma de su misión, además de apoyar durante más de 15 años a todas las familias de Al-Qaryatayn sin hacer distinciones por razón de fe. El religioso cree que su compromiso con el diálogo interreligioso es lo que ha motivado su secuestro a manos del Estado Islámico. “Sin duda, el bien que he podido hacer a esta población –también, gracias a Ayuda a la Iglesia que Sufre– ha contribuido decisivamente a mi liberación. Estoy seguro que eso ha sido una de las razones por las que el Estado Islámico no me ha matado”.

El 11 de agosto, los hombres de Al Baghdadi recogieron al religioso y volvieron a meterlo en un vehículo. “Pensé que había llegado mi hora”, recuerda. “Tras cuatro horas de viaje, el vehículo se paró”. Cuando el P. Jacques descendió de él, reconoció a un joven de su parroquia y, detrás de él, a los 250 cristianos secuestrados por el Estado Islámico unos días antes en Al Qaryatayn. Estaban cerca de Palmira, pero el P. Mourad y sus creyentes no lograron regresar a Al Qaryatayn hasta principios de septiembre. “Retomamos una vida normal, aunque nos estaba totalmente prohibido abandonar la ciudad”. En los 40 días que permaneció en Al Qaryatayn, el religioso celebró la Misa en locales subterráneos, “ya fuera para que no nos vieran rezar, ya fuera para protegernos de los bombardeos”. Entonces, el 10 de octubre, el P. Mourad logró huir con la ayuda de un musulmán y un sacerdote siro-ortodoxo. “En Al Qaryatayn, la vida se ha vuelto imposible, pues allí no hay comida ni agua ni electricidad. Poco a poco, todos los cristianos han ido abandonando la ciudad. En estos momentos, once todavía están en poder del Estado Islámico, mientras  que otros ocho cristianos han perdido la vida a manos de los yihadistas”.

Al concluir la conferencia de prensa, el P. Mourad ha dado las gracias a Ayuda a la Iglesia que Sufre “que, desde hace muchos años, viene apoyando a la comunidad de Deir Mar Musa”, y ha dedicado un recuerdo al P. Paolo Dall’Oglio: “Recemos por que suceda un milagro para que sea puesto en libertad”.

Desde el inicio de la crisis, Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS) ha destinado más de 8,6 millones de euros a proyectos de ayuda humanitaria y pastoral en Siria. Además, en estos días, la sección italiana de AIS ha lanzado su campaña de Navidad, con la que se propone ayudar a los niños sirios.

Posted on 14 diciembre, 2015 in Noticias

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