«Nos identificamos más con el Viernes Santo que con el Domingo de Resurrección»

En Jerusalén ha comenzado la Semana Santa con la gran procesión del Domingo de Ramos – Pero la situación política deja huellas

por Oliver Maksan

El Domingo de Ramos, Jerusalén pertenece a los cristianos. Miles de personas autóctonas y visitantes de todo el mundo peregrinan, con ramos y ramas de olivos en la mano, cantando y rezando; bajan el Monte de los Olivos hasta la ciudad vieja de Jerusalén, donde reciben la bendición del Patriarca Latino. La policía israelí corta el tráfico para que la procesión pueda pasar, provocando el entre los que viajan en automóvil. En el barrio cristiano (christian quarter) del casco antiguo, y en sus alrededores, la fiesta continúa también mucho tiempo después de haber terminado la procesión del Domingo de Ramos. También el tranvía tiene que interrumpir su servicio cuando los grupos de boy scouts cristianos hacen un desfile con sus gaitas. Los cristianos palestinos —una pequeña minoría tanto en Israel como en Palestina— celebran así la entrada de Jesús en Jerusalén; pero también desean mostrar a los judíos y los musulmanes: todavía estamos aquí, aunque en Israel solo seamos poco menos del dos por ciento de la población y en Palestina aún menos. Sin embargo, este año la alegría está mitigada: la oleada de violencia que azota Tierra Santa desde el otoño ha dejado sus huellas. Como, debido a la situación, ha disminuido el número de peregrinos venidos a Tierra Santa desde el extranjero, la procesión es mucho más pequeña que en otras ocasiones. En una conversación mantenida con «Aid to the Church in Need (ACN», un representante de la policía israelí calcula que, en comparación con las 30.000 personas que participaron el año pasado, este año son solo la mitad; pero sobre todo: faltan los cristianos de Cisjordania.

«El año pasado vinimos con siete autobuses desde Belén. Este año solo han venido tres», dice el católico Johnny, procedente de la ciudad natal de Cristo. De ciudades de Cisjordania como Nablus o Jenin no ha venido nadie, a diferencia de otros años. Según explica, esto se debe a que las autoridades israelíes han comenzado muy tarde a conceder permisos de entrada a Jerusalén. «Hasta el viernes no supimos si podíamos entrar el domingo; para muchos fue sencillamente muy tarde», dice a la Fundación Pontificia Internacional. Pero, según Johnny, la verdadera razón es otra: «la gente tiene miedo de venir a Jerusalén. Temen que les pudiera suceder algo. Oímos continuamente que aquí se mata a palestinos». De hecho, desde otoño han muerto más de 180 palestinos en enfrentamientos con las fuerzas israelíes de seguridad. Pero muchos de ellos murieron por atacar a israelíes, incluyendo civiles. Esos ataques se perpetraron con cuchillos, tijeras o con armas de fuego; así murieron más de 30 judíos. En relación con sus muertos, los israelíes hablan de víctimas de terrorismo y se aferran a su derecho a la defensa propia. La mayoría de los palestinos ven en sus muertos a personas de la resistencia, ejecutados sin juicio por los israelíes. Son puntos de vista irreconciliables; así aumenta el odio y la desconfianza en las dos partes.

«La Iglesia está en contra de todo tipo de violencia, ya sea por parte de los palestinos o por parte de soldados israelíes. Pero el hecho de que lleven uniforme no justifica todo lo que hacen. Pero al mismo tiempo abogamos por la justicia. No es suficiente con decir: basta de violencia. Mientras haya injusticia no habrá paz», dice Jamal Khader, Rector del seminario sacerdotal latino en Beit Jala (Beit Jalla), una población vecina de Belén. En relación con las reducidas cifras de visitantes de la procesión del Domingo de Ramos no se muestra sorprendido, en la conversación mantenida con «Aid to the Church in Need (ACN)». «Entiendo que los cristianos palestinos no tengan ganas de venir a Jerusalén, y eso que es la Semana Santa que celebramos tradicionalmente en Jerusalén». Según este sacerdote, todo comenzó a finales de los años noventa con los puntos de control. «Frecuentemente, había que esperar durante horas. Después vinieron el muro y los “ permits”. Antes venía a Jerusalén a tomarme un helado. Ahora evito venir aquí siempre que se posible; no quiero tener que pasar por los controles. Y así les sucede a muchos». Según cree el padre Jamal, a Israel le interesa desanimar a los palestinos para que no viajen a Jerusalén. «No todo el mundo recibe un permiso de entrada para las grandes fiestas; a veces se lo dan a los padres, pero no a los hijos. Entonces, claro, se quedan todos en sus casas. A veces les dan permiso a todos, pero les hacen volver por cualquier razón. Así no va. Jerusalén tiene que ser una ciudad abierta; pertenece a todos: judíos, cristianos y musulmanes. No puede ser nunca una ciudad exclusiva, pues entonces nunca habrá paz».

El padre Khader dice que la situación política también marca el modo en que los cristianos palestinos celebran la Semana Santa. «Los cristianos de Palestina nos identificamos más con el Viernes Santo que con el Domingo de Resurrección. La Pasión de Cristo está muy cercana a nosotros, los palestinos. Cuando vemos sufrir a Cristo vemos nuestros sufrimientos. Los evangelios de la Pasión no solo narran la historia de Jesús, sino también la nuestra. Esto no quiere decir que no creamos en la resurrección y en la esperanza que va unida a ella; pero todavía estamos muy lejos».

Posted on 22 marzo, 2016 in Noticias

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