Nos conducen hacia Dios

En todo el mundo, unos 900.000 católicos pertenecen a una orden o a un instituto de vida consagrada, y casi cuatro quintas partes son mujeres. Ayuda a la Iglesia que Sufre apoya a religiosas en todo el mundo y Nune Titoyan es una de ellas.

Sus padres, ambos comunistas, eran maestros, y su padre, director de escuela. Nune huyó de su casa en Georgia porque sus padres no querían saber nada de la vocación religiosa de su hija. Nune se fue a Moscú y luego a Polonia, donde conoció la vida de unas religiosas católicas e ingresó en la congregación de las Misioneras de la Sagrada Familia. Finalmente, acabó en Bielorrusia.

Allí vive hoy su vocación: en Ashmyany ha encontrado una nueva familia según las palabras de Cristo: “Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”  (Mt 12,50). Junto con otras tres religiosas se ocupa de los 12.000 creyentes de la parroquia de Ashmyany. El año pasado tuvieron 600 confirmandos. Los bautizos y las confirmaciones siguen siendo, en este país todavía marcado por el comunismo, un atrevimiento. La Hna. Nune sabe que no basta con recibir el sacramento. La gracia ayuda, pero después llega la lucha por la fidelidad en la fe, y su desenlace depende mucho de la preparación para el sacramento. Ella misma ha redactado libros para la catequesis, para lo cual utiliza los catecismos reconocidos por la Iglesia como, por ejemplo, el YouCat o el Yo creo de Ayuda a la Iglesia que Sufre.

Para las religiosas, esta labor supone numerosos desplazamientos a muchos lugares. Como la gente no puede llegar hasta ellas, el profeta tiene que ir a la montaña. No sotros le hemos prometido a la Hna. Nune y a sus Hermanas aproxidamente 30 millones de pesos para un vehículo: la misión debe permanecer en movimiento. La fundación de la congregación de las Hermanas de la Eucaristía (1957) en la Eparquía de Sambir-Drogóbich (Ucrania) se remonta a los tiempos comunistas. Por entonces veneraban a Dios en Adoración Perpetua, pues más no podían hacer. En la actualidad, las veinte religiosas dirigen un orfanato, enseñan la catequesis en escuelas dominicales, organizan peregrinaciones y ejercicios para jóvenes y se ocupan en las “Vacaciones con Dios” de los jóvenes de Ucrania oriental.

Como el trabajo va en aumento, necesitan más espacio, y por ello llevan seis años rehabilitando la vieja casa madre en Sambir. En la actualidad les falta dinero para el tejado. Una tercera parte de las religiosas vive de una exigua pensión de unos 77 mil pesos mensuales y la eparquía es pobre. Las religiosas rezan, consuelan, enseñan y asisten a los creyentes. Conducen hacia Dios, por lo que se merecen el cielo, pero en la tierra necesitan dinero. Nosotros les hemos prometido al rededor de 30 millones de pesos para el tejado.

“Abandonen su nido y acudan las periferias de los hombres de hoy”. Para las religiosas de Egipto, este llamamiento del Papa forma parte de su vida cotidiana. Ustedes ayudan a las diferentes congregaciones con, por ejemplo, cursos de formación continua para esta misión.

Posted on 24 febrero, 2015 in Noticias

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