«Navidades sin alegría en el corazón»

ACN-20151216-33801

Por: Oliver Maksan

En medio del infierno de Alepo, sor Annie se esfuerza por preparar una alegre fiesta de Navidad para sus habitantes – «Ayuda a la Iglesia Necesitada» le apoya en ello

Música navideña, globos de colores, luces, un árbol de Navidad: sor Annie y sus ayudantes han decorado la sala parroquial con artículos navideños. Reparten regalos. Se ven rostros alegres. Niños pequeños alborotan por todos lados. Risas. Y, sin embargo: este ambiente idílico prenavideño solo consigue, como mucho, hacer olvidar por un momento a los habitantes de Alepo en qué circunstancias viven. «Hace dos días impactaron bombas muy cerca de nosotros. Seis personas murieron. Unos días antes destruyeron una casa de viviendas; no murió nadie, pero muchos resultaron heridos. Y heridos quiere decir frecuentemente que esas personas han perdido brazos y piernas. Así es la vida diaria aquí. Nadie sabe si volverá vivo a su casa cuando sale a la calle. Lo único que nos queda es confianza en Dios», dice sor Annie. Esta religiosa católico-armenia de la Comunidad de Jesús y María permanece desde hace años en Alepo, una ciudad marcada por la guerra siria. El Gobierno y los rebeldes defienden partes diferentes de la ciudad; una y otra vez luchan unos contra otros. Con las otras religiosas y algunos ayudantes sirve a los cristianos de Alepo, buscando ropa, combustible para la calefacción, ayudas para pagar el alquiler y medicinas. «Ayuda a la Iglesia que Sufre» le apoya en ello. Antes, en esta acaudalada metrópoli comercial del norte de Siria vivían cientos de miles de cristianos. Hoy solo quedan aquí, en esta ciudad destruida en gran parte, unas pocas decenas de miles. «Aquí, la vida es muy difícil. Muchas veces no hay ni electricidad ni agua durante varios días. Sobre todo en el invierno hace mucho frío. Hace poco visité a una familia que continúa en su casa, destruida por una bomba. Mi corazón lloró. Era una imagen horrible».

También este año, como en los anteriores, sor Annie intenta preparar a la población una fiesta de Navidad alegre. «Repartimos pantalones, jerséis y chaquetas, pues la mayoría de las personas no puede comprarse nada nuevo; para ellos, esas prendas son muy importantes, precisamente en el invierno». Desde septiembre, sor Annie y sus colaboradores se vienen preparando para este proyecto. Se han hecho 12.000 prendas de abrigo para 3.000 personas necesitadas. «La ropa ha sido hecha por sastres cristianos de Alepo. Me han dicho que están muy contentos con el encargo, pues así tienen trabajo para alimentar a sus familias». Además de los de Alepo también ayudan a los cristianos de Hasake, una ciudad al noreste de Siria. «Antes podíamos transportar los productos de ayuda desde Alepo a Hasake por camión; pero como ahora el Daesch (el grupo terrorista «Estado Islámico») ha conquistado esa región, ya no es tan fácil. Por eso enviamos la ropa por avión. Llegó bien, como nos ha confirmado el sacerdote con el que colaboramos allí».

«Ayuda a la Iglesia que Sufre» apoya el proyecto navideño de sor Annie desde hace años. «Sin “Ayuda a la Iglesia que Sufre” no podría dar nada a todas estas personas; para mí es un milagro de Dios poder hacerlo. Por eso estamos muy agradecidos a los benefactores por su generosidad. Acabamos de celebrar una Misa para rezar por ellos. Y también los que reciben esos regalos bendicen a los benefactores cuando saben de quién proceden». Desde el viernes de la pasada semana, sor Annie reparte ropa a las personas necesitadas entre las 10 y las 16 horas. «No queremos que se sientan como mendigos; por eso hemos decorado la sala de reparto y también intentamos mantener una conversación con todos. No se trata tanto de un lugar de reparto de ropa sino un encuentro de persona a persona». Cuando habla con ellos —dice sor Annie— le refieren las penalidades de su difícil vida diaria. «Esta es ya la quinta Navidad que los cristianos de Siria celebran en guerra. La gente ya no tiene alegría en el corazón. Por supuesto que irán a la iglesia; pero la alegría que todos experimentaban en Navidad se ha perdido; su lugar lo ha venido a ocupar la tristeza». La religiosa habla de un anciano que, abatido, le comentaba que va a celebrar las Navidades él solo con su mujer. «Antes celebraban con ellos 16 hijos y nietos. Ahora se han ido todos, han huido. Solo se han quedado los dos ancianos». Y así sucede a muchos: han perdido personas de su familia en los ataques, sus hijos están en el ejército o han huido. «En cada casa hay una historia triste que contar», refiere sor Annie. «Pero las personas confían en Dios. Y se alegran de saber que los cristianos de otros países no les han olvidado».

 

Posted on 18 diciembre, 2015 in Noticias

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