Mundo: Ayuda a la Iglesia que Sufre aportó en 2014 más de 10 millones de euros para refugiados y desplazados

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20 de junio Día Mundial del Refugiado

AYUDA A LA IGLESIA QUE SUFRE aportó en 2014 más de 10 millones de euros para ayudar a refugiados y desplazados, en todo el mundo.

Cuando las milicias asaltaron su pueblo, sabían que no tenían tiempo que perder. Tomaron a los niños y salieron corriendo para salvar la vida.

 Llamémosla la familia G., de Nigeria: el padre fue asesinado mientras huía; la madre y los hijos pudieron llegar a salvo a un campo de refugiados. Si bien aquí hay una cierta seguridad, se carece de todo lo demás. Agua, alimentos, mantas, medicamentos y artículos de higiene son bienes que escasean. Sobre los refugiados, un letargo plomizo: están traumatizados; han visto morir a familiares o los han perdido mientras huían. La casa a la que pudieran volver, ya no existe. La incertidumbre les corroe como una rata hambrienta. Un día y otro se plantean la misma pregunta: ¿qué va a pasar?

 

La familia G. simboliza innumerables familias de refugiados en todo el mundo, que podrían relatar una historia similar. Se calcula que en el mundo hay 51,2 millones de personas que han huido de sus casas[1]. Proceden de Nigeria, Eritrea o de Sudán del Sur, de Siria, Irak o Ucrania. Huyen de la guerra y del terror, de represión política o religiosa. Sus perseguidores llevan diferentes nombres, pero siembran la destrucción con la misma máscara de odio y obcecación.

Al norte de Nigeria y Camerún causa estragos, desde hace seis años, la unidad terrorista islamista Boku Haram. Unos 1,5 millones de nigerianos están dados a la fuga dentro del mismo país, otras 136.405 personas han huido a los países vecinos. «Ayuda a la Iglesia que Sufre» apoya a los desplazados de las diócesis, especialmente afectadas, de Bamburi y Maiduguri (Nigeria) con 45.000 euros, y de Maroua-Mokolo (Camerún), con otros 14.900 euros. En Centroáfrica son los grupos de rebeldes Seleka los responsables de los excesos de violencia. Allí se ha ayudado a las comunidades, abarrotadas con desplazados, con 65.000 euros.

En el sur de Sudán y Eritrea, la población huye de los disturbios, que brotan repetidamente, entre diferentes grupos de rebeldes, y también ante la represión política y religiosa. Más de 560.000 sudaneses del sur huyen de sus casas, según UNHCR/ACNUR. Muchos se salvan acudiendo a campos de refugiados de Etiopía: «Ayuda a la Iglesia que Sufre» les presta apoyo, desde 2014, con 66.000 euros. 97.000 euros se han destinado a proyectos para refugiados de Eritrea.

En Oriente Próximo son la guerra y la organización terrorista Estado Islámico las causantes del desplazamiento de cientos de miles de cristianos iraquíes y sirios, lo que refuerza la oleada de emigración de estos países, que se ha incrementado exponencialmente desde que comenzó la Primavera Árabe en 2011. ACNUR parte de la base de que hay 6,6 millones de refugiados de Irak y casi 4 millones de refugiados sirios registrados. Muchos de ellos huyen a los países vecinos: Turquía, Líbano y Jordania. Desde 2014, «Ayuda a la Iglesia Necesitada» ha destinado 7,2 millones de euros para la atención pastoral y caritativa de los refugiados iraquíes, así como 4,3 millones de euros —en su mayoría, ayuda de emergencia— para refugiados sirios, dentro y fuera del país.

La Franja de Gaza sigue siendo un foco permanente de agitación. «Ayuda a la Iglesia Necesitada» financia aquí, en 2015, con 15.000 euros la atención médica de los cristianos desplazados.

En Ucrania, la Fundación Pontificia Internacional aportó el pasado año, para las personas que huyeron de Crimea, unos 40.000 euros para un comedor y atención médica; también en 2015, con unos 60.000 euros, facilita la pastoral entre los refugiados.

Desde un principio, la actividad de «Ayuda a la Iglesia que Sufre» se ha centrado en los refugiados, y lo sigue haciendo aún hoy.

 Con sus ayudas a los refugiados, «Ayuda a la Iglesia que Sufre» lleva a su cumplimiento la herencia del padre Werenfried, quien —después de la Segunda Guerra Mundial— vio las necesidades de los refugiados alemanes y solicitó donativos para ellos de sus compatriotas de Flandes. En su emocionante primera carta mendigaba diciendo: «Muchos de nosotros no pasamos frío; estamos bien. Tenemos casa, cristales en las ventanas que nos protegen del frío, y a pesar de la escasez debida a la posguerra, de alimentos y demás, a pesar de los precios de usurero, no carecemos realmente de mucho; pero, ¿pensamos que ahí fuera María y José, multiplicados por miles, se desplazan por Europa? ¿Qué Cristo llora en la figura de pobres, personas sin techo y enfermos, y en todos los que llamó los menores entre los suyos y en cuya miseria esconde su ser Dios y hombre?». De aquí surgió una Fundación de ayuda humanitaria. De las primeras colectas del padre Werenfried surgió la Fundación Pontificia Internacional «Ayuda a la Iglesia que Sufre», con benefactores en más de 21 países, que en 2014 —con un total de 100 millones de euros— financiaron unos 5000 proyectos de las Iglesias locales, en todo el mundo. Solo en el periodo de tiempo comprendido entre enero de 2014 y hoy (junio de 2015) ha invertido más de 10 millones de euros en proyectos para refugiados.

 

 

 

 

Posted on 17 junio, 2015 in Noticias

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