Mostrar el rostro de Cristo

 Padre nuestro… “la oración de Jesús es mi oración preferida”, dice la Madre Marie Catherine, “porque nos une”. Y también le gusta rezar el Ángelus: “Entonces veo en el corazón cómo Dios hecho hombre vino a nosotros”.

Vivir la unidad forma parte del carisma de las Siervas de Cristo, una congregación fundada hace nueve años por la Madre Marie Catherine. Antes había sido Superiora General de las Hijas del Sagrado Corazón de María para toda África Occidental: una labor de mucha responsabilidad y agotadora. Durante una larga estancia para recuperarse en Francia, en la cual acude a un curso sobre el Islam, escucha durante el rezo la llamada de Cristo: “Muestra mi verdadero rostro en el mundo islámico”. Reflexionó sobre el significado.

Ella conocía África Occidental y vivía en Senegal. No obstante, presintió claramente que Dios le quería encomendar una tarea en otro sitio. “Constrúyeme una casa para que mi amor adquiera forma entre los musulmanes”. Entonces toma conciencia –de nuevo, durante la oración– de que tiene que tratarse de Níger. Una peregrinación a Lisieux, a Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia y Patrona de las Misiones, la refuerza en esta convicción. “¿Por qué tenía que ser Niger? No lo sé”, recuerda. Pero ella estaba segura de que ese era el camino, y se acordó de un Obispo de la zona desértica de Maradi. El Obispo Ambroise llevaba ya un tiempo rezando para obtener ayuda: en su gigantesca diócesis apenas había religiosas, los cristianos no representaban ni un 0,5% de la población, y la pobreza y el hambre estaban a la orden del día. Las Siervas de Cristo eran solo dos cuando comenzaron.

En la actualidad, son diez religiosas y once novicias que acuden a los poblados, reparten víveres (sobre todo, entre las madres con niños desnutridos), organizan cursos de higiene, salud y educación; enseñan a leer y escribir y a llevar una casa, y conceden microcréditos. Entretanto, se ocupan de unos 150 poblados con más de 25.000 personas. Nadie habría acudido allí si Dios no hubiera enviado a las Siervas de Cristo. “La gente confía en nosotras porque ven lo que hacemos”, dice la Madre Marie Catherine. Lo que no dice: la gente ve en estas obras de amor el rostro de Cristo.

Desde hace algún tiempo, algunos poblados quieren saber más acerca de Jesús. “Los consejos de ancianos han organizado un encuentro y nos han preguntado cómo se hace uno cristiano”. El Obispo se ocupa de ello, mientras las religiosas siguen mostrando el rostro de Cristo con obras con cretas: a los hambrientos les dan de comer y a los sedientos, de beber. Visitan a jóvenes mujeres que a menudo huyen de matrimonios concertados (algunas son casadas con once años) y acaban en la prostitución; luchan por la dignidad de las mujeres y visitan a leprosos. Sin las Siervas de Cristo, habría poca vida en la estepa de Maradi. El emblema de esta congregación es el lavatorio de los pies: “Queremos servir humildemente”.  La relación con los musulmanes es buena. “También nosotras vivimos en la pobreza, y eso nos une”, dice. No obstante, también allí se percibe la influencia de los fanáticos. “La cruz que llevan nuestras niñas colgada del cuello molesta a algunos”. No obstante, el sultán de la región y el consejo de ancianos respaldan a la Madre Marie Catherine, pues le están muy agradecidos. Cerca de la iglesia se ha construido la casa madre con un espacio para las novicias, gracias a la ayuda de ustedes (91 millones de pesos aproxidamente). Pero habrá más proyectos, pues la necesidad es grande en Maradi. Y el amor de las religiosas, también.

Posted on 24 febrero, 2015 in Noticias

Share the Story

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back to Top