La Iglesia de Cuba está muy viva y es ingeniosa, pero pobre de solemnidad

«Ayuda a la Iglesia que Sufre» la apoya en su misión.

por Oliver Maksan

 

Construcciones prefabricadas grises, con amplios desconchones debido a las temperaturas y la humedad tropicales, dominan la imagen de Guiteras. En este barrio situado a las afueras de La Habana, la capital de Cuba, viven unas 32.000 personas. Es una población como muchas otras en esta isla del Caribe. Sin embargo, Guiteras es algo especial, pues aquí se está alzando —con el apoyo de «Ayuda a la Iglesia que Sufre»— una nueva iglesia, y eso es todo lo contrario a algo cotidiano en Cuba. Donde no existen iglesias antiguas, de la época anterior a la revolución, normalmente los católicos han de celebrar la liturgia en casas privadas. Solo en algunos casos se han dado hasta ahora permisos para construir de nueva planta edificios eclesiásticos. Uno de esos lugares privilegiados es Guiteras. El Presidente de Cuba, Raúl Castro, puso a disposición de la Iglesia el terreno en 2012, después del viaje del Papa Benedicto XVI a la isla.

«Hasta ahora rezamos y nos reunimos en el patio de una casa particular. Nos alegramos de poder trasladarnos a nuestra nueva iglesia», dice el diácono Manuel Hernández, de la comunidad católica en Guiteras. Pero hasta que sea posible se precisará aún algún tiempo.

«Ya disponemos del permiso de construcción. Pero la construcción no acaba de avanzar; carecemos de material y aparatos de construcción. Un bulldozer que estaba extrayendo tierra para los cimientos dejó de funcionar después de tan solo una hora. Ahora tenemos que esperar». El patrono de la iglesia será San Juan Pablo II, que fue el primer Papa en visitar la isla, en 1998. La Iglesia de Cuba recuerda esa visita como un salto de calidad: después de años de estar oculta, pudo volver a salir a la luz pública. La comunidad católica de Guiteras no se retirará, tampoco en el futuro, tras los muros de la iglesia. «Tenemos misioneros laicos que acuden a las casas. Además repartimos comida a ancianos necesitados. Queremos incluso ampliar todo esto cuando dispongamos de la nueva iglesia, pues deseamos levantar aquí también un centro pastoral y un campo de deportes, para dirigirnos a los jóvenes».

A los viejos miembros de la comunidad esto es algo que les alegra; por ejemplo a Amalia, una señora de edad avanzada que forma parte de las fundadoras de la comunidad católica de Guiteras. Con otras mujeres devotas reza el rosario en la capilla provisional, sita en el terreno de la iglesia. «Una vez que se haya terminado la iglesia vendrán con seguridad más personas. Será maravilloso. Hace 21 años comenzamos a reunirnos en casas privadas, para leer el evangelio y rezar. No siempre fue fácil. Antes, en las casas puestas a disposición por el Estado, ni era permitido colgar un crucifijo o una imagen de la Virgen». Con todo, cree que el mensaje del evangelio encuentra en Cuba un suelo fructífero. «Antes eran solo unos pocos; hoy en día acuden cientos de personas a nuestros servicios religiosos. Todos los cubanos creen; quien diga lo contrario, miente».

Un pionero de la fe es también el profesor Rene Zamora Marín. Este médico dirigía una planta de cuidados intensivos en el mayor hospital de La Habana. En 1997 fundó, en la capital cubana, el «Centro de Bioética Juan Pablo II». «El tiempo que dedicamos a nuestro Instituto se lo tenemos que quitar, mis colaboradores y yo, al sueño; pero la labor vale la pena», dice. El Centro cuenta con 14 colaboradores. «Por supuesto que del ámbito de nuestro trabajo forman parte las cuestiones centrales de la Bioética como la investigación con células madre o la muerte cerebral; pero entre tanto hemos ampliado el foco. Además, un problema ético como el aborto no se puede considerar de modo aislado. El aborto es siempre también un síntoma de crisis en la familia». Por esto, el lema del centro —que cuenta con el apoyo de «Ayuda a la Iglesia que Sufre»— podría denominarse la transmisión de valores cristianos. Con diversas ofertas para jóvenes y adultos desean despertar la conciencia por la dignidad del hombre. «Y después, por supuesto, por un trato auténtico unos con otros, que de eso se desprende», subraya el profesor Zamora.

Lo que le interesa es influir sobre la sociedad cubana. La historia del país ha dejado huella también en la conciencia de las personas. «En Cuba hay una crisis de valores; esto puede decirse de la familia, pero también de la sociedad en general. Por eso nos dirigimos a todas las personas de buena voluntad. No argumentamos con el catecismo de la Iglesia católica, sino solo con la razón. El concepto de la persona y de su dignidad es, en definitiva, evidente para toda persona que piensa; la razón nos une a todos. Fue la que hizo posible que el apóstol san Pablo hablara en el areópago de Atenas sobre un dios desconocido».

A través de la revista del Instituto, pero también de congresos, cursos, debates y ahora también de la cooperación con la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana consiguen entrar en contacto con partes de la sociedad que no van los domingos a Misa. Muchas personas acuden aquí con preguntas filosóficas, para informarse, para intercambiar opiniones y ampliar su horizonte, comenta el profesor Zamora. «Nuestro trabajo es muy respetado. Incluso somos ahora miembros de la Academia Cubana de las Ciencias. Nuestro Centro ha participado también en un proyecto de ley sobre la muerte cerebral. De todo eso estamos muy agradecidos».

 


 

«Ayuda a la Iglesia que Sufre» apoya a la Iglesia católica de Cuba desde hace muchos años. Solo en el año en curso y el pasado ha aportado más de 1,6 millones de Euro para proyectos pastorales en la isla del Caribe; entre estos se cuentan la construcción de nueva planta y la reforma de iglesias, así como la formación y el apoyo de sacerdotes y religiosos. Aproximadamente el 60 por ciento de los habitantes de Cuba están considerados como católicos.

Posted on 4 noviembre, 2015 in Noticias

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