La fuerza de una Iglesia perseguida

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Ayer tuve la gracia de participar en la charla que el Director de la oficina de España de la Fundación “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, Javier Menéndez, ofreció para relatar la situación de miles y miles de cristianos en condición de persecución alrededor del mundo. Fue impresionante comprobar cuántos son aquellos que no quieren a los cristianos: el extremismo musulmán, el extremismo hinduista, el judaísmo ultraortodoxo, el comunismo, el laicismo radical en Occidente, y hasta algunos grupos específicos de budistas. Es impactante también observar algunas imágenes del despiadado odio a iglesias, sacerdotes, religiosas, y en general a quienes lleven la “marca” de cristianos.
Ante tal panorama me venía, casi inmediatamente, la pregunta: ¿dónde está Dios?, ¿cómo puede permitirse tanta barbarie? Y entonces, junto con la pregunta, acudía un cierto sentimiento de desolación. Sin embargo, en seguida, emergía otra pregunta: ¿cómo es posible que estas personas, a pesar de la persecución, sigan manteniendo su fe?, ¿cómo se explica que ante tal adversidad no hayan simplemente dejado a un Dios que parece abandonarlos, sino que, por el contrario, estén cada día dispuestos a morir, a correr toda clase de peligros? Y, ante la contemplación del testimonio de estos hermanos en la fe, aparecía un panorama mucho más potente que la crueldad misma: el amor, el perdón, la misericordia con el enemigo, la oración. Esa es, en efecto, la esencia del Cristianismo. Es evidente que todos estos hombres y mujeres creyentes no son un grupo de personas ideológicamente adoctrinadas o presionadas: son personas comunes y corrientes, campesinos, obreros, adolescentes y ancianos, de toda condición social e intelectual. ¿Cómo se explica que prefieran morir antes que dejar la fe? Creo que la respuesta a esa pregunta es justamente una prueba muy seria del valor y de la fuerza de la Palabra de Dios, de la presencia de Cristo mismo en medio de los cristianos. Parece claro que no están simplemente dispuestos a morir “para ir al cielo”, sino que para ellos la vida en esta tierra sin Jesucristo, sin los sacramentos, sin la Virgen María, sin la comunidad, no tiene sentido.
Qué fuerza supone para la Iglesia de este tiempo, también en Colombia, la persecución y la adversidad. En ella se purifica toda intención y el Evangelio resplandece libre de toda mancha. Se trata, en definitiva, de un serio llamado a cada creyente para que se tome en serio su propia condición.
Padre Astolfo Moreno

Posted on 24 junio, 2015 in Noticias

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