La corrupción es un peligro tan grande como Boko Haram

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Entrevista con Mons. Ignatius Ayau Kaigama, Arzobispo de Nigeria

 

Nigeria es el país más densamente poblado de África. De los aproximadamente 170 millones de nigerianos, unos 20 millones son católicos. El grupo terrorista Boko Haram y la corrupción son actualmente los mayores retos a los que se enfrenta el país. En una entrevista, mantenida con ocasión de una visita a la Fundación Pontificia Internacional Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), el Presidente de la Conferencia Episcopal nigeriana, Mons. Ignatius Kaigama, explicó cómo trata la Iglesia esos problemas.

 

Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN): El pasado año se celebraron en Nigeria elecciones presidenciales. ¿Puede describirnos la situación política de partida antes de estas importantes elecciones?

 

Mons. Kaigama: Antes de las elecciones, los pesimistas predijeron incluso la descomposición de Nigeria; pero las elecciones se celebraron pacíficamente y, por primera vez en la historia del país, fue vencido el Presidente que estaba en el cargo y aceptó su derrota. Del nuevo Gobierno, muchos esperaban un cambio porque hasta entonces no todo iba bien. Sobre todo la corrupción llevaba a los nigerianos a la miseria. Necesitábamos un cambio y este cambio llegó en la persona del Presidente Muhammadu Buhari. Lleva en el cargo aproximadamente un año y queremos darle la oportunidad de que ponga en práctica su promesa de luchar contra la corrupción y el terrorismo.

 

Como Presidente de la Conferencia Episcopal nigeriana, envió al Presidente un mensaje en el que pedía que Nigeria continuara siendo un «Estado multirreligioso», en el que cada persona pueda practicar libremente su fe. ¿Corre peligro la libertad religiosa en Nigeria?

 

Antes de las elecciones llegaban una y otra vez noticias de que este candidato a la Presidencia era un fanático religioso que quería promover la islamización de Nigeria. Por ello, los obispos católicos le invitaron poco antes de las elecciones y le preguntamos directamente: «¿Es usted un fanático religioso?». Lo negó y nos dijo que era necio creer que en Nigeria pudiera dominar una religión sobre otra; dijo que quiere que las personas puedan practicar libremente su religión sin discriminación y sin la enemistad que vivimos en el pasado.

 

¿Cómo es la formación religiosa y la construcción de iglesias en Nigeria? ¿Hay una desigualdad?

 

A nivel de los Estados federados —y sobre todo en el norte, mayoritariamente musulmán—, en la práctica es desgraciadamente así. Uno encuentra signos de discriminación; por ejemplo, los estudiantes musulmanes tienen mezquitas propias, mientras que los cristianos tienen que celebrar sus funciones religiosas en las clases. Para los musulmanes hay clases de religión; pero, ¿qué sucede con los cristianos? No tienen las mismas posibilidades. Además, el Gobierno no facilita a los cristianos del norte construir nuevas iglesias. Los cristianos no tienen ni siquiera permiso para adquirir privadamente terrenos. Esta discriminación no ayuda. Si no se permite a los cristianos acceder a una formación cristiana, por cerrazón de mente y por prejuicios religiosos, esto no es beneficioso; es incluso perjudicial, pues así creamos personas sin fe, sin una moral consolidada, que pueden ser peligrosos para la sociedad. Queremos que cada uno sea reforzado en su fe y en su identidad religiosa, de modo que surgen mejores ciudadanos para la sociedad.

 

Su mensaje al Presidente se refería también a la corrupción y al grupo terrorista Boko Haram. ¿Por qué considera que las dos cosas son igual de peligrosas?

 

Porque son tan peligrosas. Socavan la unidad y toda la identidad del país. Si se permite que Boko Haram tenga éxito, entonces de desestabiliza el país. Nigeria ya no es Nigeria, el gran país que debería ser. La corrupción es más antigua que Boko Haram y causa el mismo tipo de daños; se introduce profundamente en el sistema, impide todo progreso, desestabiliza la labor del Gobierno y produce penuria y miseria, de las que a su vez surgen la violencia y los conflictos. Creemos que el Presidente Buhari se enfrentará a estos fundamentales problemas.

 

¿Cree que el Presidente va por buen camino para vencer sobre Boko Haram?

 

Absolutamente. Desde hace mucho tiempo estamos rezando por la Nigeria hostigada. Elaboramos también una oración contra la corrupción, que rezamos durante años, y creo que Dios ha escuchado nuestras oraciones. Se lucha contra la corrupción y contra Boko Haram. Ha habido respuesta a nuestras oraciones.

 

Cuando se habla sobre Boko Haram se piensa inmediatamente en las muchachas secuestradas en Chibok en abril de 2014. ¿Cuál es la situación de estas muchachas, de las cuales unas pocas lograron huir?

 

Es una historia triste, que hace sangrar el corazón de todos los nigerianos, porque fueron secuestradas 200 colegialas inocentes. Fueron tomadas a sus familias. Rezamos para que todo salga bien. El Gobierno ha intentado liberarlas; pero ha habido pocos progresos hasta la semana pasada, en que se salvó a una muchacha. Tenía un hijo pequeño y los dos fueron devueltos a la familia. Poco después, el Presidente la recibió. Se podía ver que el Presidente estaba muy contento de haberla recuperado. Estamos más esperanzados que antes de que, con la gracia de Dios, vuelvan más muchachas.

 

En los medios se ha criticado que las muchachas liberadas no sean recibidas más cálidamente, sino que sean vistas con recelo porque en ocasiones vuelven con el hijo de un terrorista. ¿Es realmente un problema, o los medios exageran?

 

La estigmatización es un problema, sobre todo en los pueblos, donde la formación de las personas no es muy elevada. Piensan: «esas chicas fueron seguramente adoctrinadas, fueron educadas con violencia en el terrorismo; por eso hemos de mantenernos alejados de ellas». Pero si se reflexiona, la razón hace ver que la culpa no fue de las muchachas. Han sufrido mucho y han de ser vistas como las heroínas que son.

 

Si la Iglesia católica está tan presente en Nigeria, ¿por qué participan también católicos en la corrupción?

 

No tengo ni idea por qué lo hacen. Pero como sacerdote temo la corrupción, en la que están implicados tanto cristianos como musulmanes. Se trata de un problema nacional contra el que hay que actuar. La corrupción ha hecho retroceder al país. ¿Por qué es la gente tan egoísta, y sin embargo hablamos del cristianismo o del Islam? Los valores de nuestras religiones deberían hacer cambiar algo en beneficio de todos. El Presidente Buhari intenta superar el pasado corrupto. Nosotros, como Iglesia, intentamos trasmitir valores positivos a las familias. Es un problema tan grande que precisa tiempo para ser superado.

 

Por último, algo positivo: en su Archidiócesis tiene más de 300 estudiantes en el seminario menor y unos 60 candidatos al sacerdocio en el Seminario Teológico.

 

Damos gracias a Dios por el regalo de las vocaciones. Puede ser que de los 50 o 60 que se presentan en la archidiócesis de Jos solo pueda aceptar a 12 o 14. Y esto solo tras un procedimiento estricto de selección. Es algo que nos tomamos muy en serio. Tenemos el regalo de las vocaciones, nuestras iglesias están llenas y damos gracias a Dios por ello. Por esto estoy aquí en Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN), para expresar mi agradecimiento por el gran apoyo que nos prestan en la formación de nuestros seminaristas y catequistas. Incluso en tiempos muy difíciles, la Fundación nos ha ayudado. Estamos profundamente agradecidos. Deseamos también devolver el gesto que nos han traído los misioneros de Europa. Ahora la misión se ha concluido y sentimos que hemos de dar algo. Occidente no debería de tener miedo de pedirnos ayuda. Tenemos la voluntad de ayudar con nuestros sacerdotes.

 

Por Maria Lozano, press@acn-intl.org

Posted on 28 junio, 2016 in Noticias

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