Jornadas de retiro y encuentro para todos los sacerdotes católicos de Pakistán

En la República Islámica de Pakistán viven unos 190 millones de personas, y la población crece de forma vertiginosa. Por ello, la notable cantidad de 1,2 millones de católicos paquistaníes representa solo una pequeña minoría en este país.

A menudo, los algo más de 300 sacerdotes de Pakistán tienen que atender gigantescos territorios, además de afrontar enormes retos: la amenaza de los extremistas va en aumento y los cristianos son víctimas de la violencia y de falsas acusaciones de blasfemia, y también en el día a día se ven expuestos al hostigamiento y la discriminación. Los cristianos, que en su mayoría pertenecen a la capa inferior de la sociedad, no solo esperan que los sacerdotes les presten una ayuda pastoral y espiritual, sino que cuentan con ellos en todas las situaciones de necesidad. Así, cuando muere un peón que ha trabajado prácticamente en calidad de siervo en el campo, la viuda con sus hijos se ven en la calle porque el latifundista no quiere saber nada de ellos. Evidentemente, la viuda se dirige al sacerdote, al igual que lo hacen los padres con hijos enfermos, las víctimas de ataques violentos y todas las personas que están desesperadas y sufren necesidad.

Los sacerdotes mismos también viven en permanente tensión, porque la mayoría de ellos han recibido llamadas y cartas amenazantes. Incluso los Obispos reciben cartas en las que se les conmina a convertirse al Islam. Casi todos saben que sus teléfonos están intervenidos y tampoco es raro que reciban extrañas llamadas de personas que pretextan ser musulmanes que quieren convertirse al Cristianismo. En estos casos, los sacerdotes tienen que tener mucho cuidado, pues una palabra equivocada puede causarles grandes problemas. En todos los lugares reina el miedo. Un sacerdote informa de que hace unos años fue amenazado cuando unos hombres poderosos de la etnia de los baluchis ocuparon un terreno junto a una escuela católica. El sacerdote se dirigió al Gobierno para protestar, a lo que empezó a recibir cartas y llamadas telefónicas amenazantes: “Cuando celebres la Misa, te haremos saltar por los aires con una bomba”. Ciertamente, recibió protección policial, pero hasta el día de hoy sigue sintiendo miedo cuando una moto se acerca demasiado a su coche. Otros sacerdotes han recibido amenazas por defender a las víctimas de injusticias y persecución. Uno de ellos afirma: “No tengo miedo a decir la verdad, pues algún día moriré de todas formas. La perspectiva de morir por ello me llena de paz. En esta sociedad, los sacerdotes desempeñamos el papel profético de decir la verdad”.

El párroco Emmanuel Parvez ha recibido llamadas amenazantes por ser el primo de Shahbaz Bhatti, el ministro de Minorías católico asesinado el 2 de marzo de 2011 en su vehículo, cerca de su casa, por hombres enmascarados armados de metralletas. Una agrupación talibán reivindicó el asesinato. El ministro murió por luchar contra la ley de blasfemia. A las tres semanas, la Conferencia Episcopal Paquistaní solicitó oficialmente al Vaticano que lo incluyera en la lista de los mártires de la Iglesia Universal. Tras el atentado, muchos familiares recibieron amenazas y abandonaron el país, pero el párroco Emmanuel Parvez ha permanecido junto a sus feligreses, pues está convencido: “Es mejor ser un mártir que un refugiado”.

En vista de todos estos retos, la Conferencia Episcopal Paquistaní intenta que los sacerdotes se reúnan periódicamente para fortalecer el espíritu fraternal entre ellos, para que puedan intercambiar impresiones, formarse teológicamente y recibir nuevos impulsos para su propia vida espiritual, para así retornar fortalecidos a sus comunidades de creyentes. La idea es que todos los sacerdotes de Pakistán se reúnan cada cinco años para unas jornadas de retiro y encuentro. Esto no siempre ha sido posible, pero este año está previsto que los sacerdotes vuelvan a reunirse durante cinco días para rezar juntos, escuchar ponencias e intercambiar impresiones. Sin embargo, muchos sacerdotes de este gigantesco país tienen que realizar un largo viaje que supone un gran gasto. Además, es preciso alojar y dar de comer a los sacerdotes. Como algunos no podrán acudir por motivos de edad, enfermedad u otros, está previsto que unos 220 sacerdotes asistan al encuentro. La Conferencia Episcopal Paquistaní se ha dirigido a nosotros, y Ayuda a la Iglesia que Sufre le ha prometido 17.000 euros, a saber, una media de 77 euros por sacerdote. Se trata, por tanto, de una pequeña cantidad que, no obstante, ofrece a estos sacerdotes la posibilidad de recargar las energías que necesitan para poder realizar la difícil tarea de trabajar en Pakistán, donde también corren riesgo sus vidas.

Posted on 11 mayo, 2015 in Noticias

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