Jornada mundial de oración y ayuno por la paz en Siria

Llamamiento de Su Beatitud Patriarca Gregorio III a una jornada mundial de oración y ayuno por la paz en Siria 15-16 de marzo de 2015

Damasco 24/02/2015

 

“En cuanto a esta clase de demonios, no se los puede expulsar sino por medio de la oración y del ayuno” (Mateo 17, 21)

Este ayuno es la Cuaresma previa a la Resurrección: un ayuno que prepara a los creyentes para celebrar la gloriosa fiesta de la Resurrección. La Cuaresma es la vía de la cruz y nosotros nos encontramos en el quinto año de la vía de la cruz en nuestros países árabes y, especialmente, en Siria, Iraq y Palestina, pero también en Líbano, un país dramáticamente afectado por las guerras que han estallado a su alrededor. En varias fases, Líbano ha venido acogiendo a refugiados y desplazados de Palestina desde 1949, de Iraq en varias ocasiones desde 2003 y de Siria desde 2011. El Gólgota de nuestros países es inmenso: es la mayor tragedia de los territorios de la región e incluso del mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Como Obispos, nuestra obligación es estar con nuestro pueblo, junto a nuestro pueblo, delante de nuestro pueblo, detrás de nuestro pueblo y al servicio de nuestro pueblo. Queremos lavar los pies de los que sufren, así como Jesús lavó los pies de sus discípulos. Pero pedimos perdón a nuestros creyentes, pues, pese a nuestros esfuerzos, somos incapaces de responder a todas sus necesidades, que se incrementan día a día. No sabemos qué hacer ante el gran dolor y el gran sufrimiento de nuestro pueblo en todas sus comunidades cristianas y musulmanas. Esto es una tragedia y un sufrimiento a escala global; afecta a todos. Todos se han visto afectados por la pobreza, el hambre, el frío, la falta de ropa, la enfermedad, el sufrimiento y la discapacidad. La gran mayoría de nuestros creyentes sufren a causa de todo ello, sobre todo, en Siria. Ahora somos todos iguales frente a este tipo de sufrimiento. Y como ya he dicho, este también es el caso de todos los países árabes, especialmente, de Siria, Iraq, Palestina y Líbano, pero también de Libia, Egipto y Yemen.

Emigración  

Constatamos con gran tristeza que muchos de nuestros creyentes están emigrando de varias maneras, tanto legal como ilegalmente. ¡Cuántas historias hemos oído de su sufrimiento en esta huida! Algunos se van y abandonan el país por buenas razones, mientras que otros lo hacen, por así decir, sin razones apremiantes. Nosotros los exhortamos a que se queden, a que sean pacientes y fuertes, que no pierdan la esperanza y que se apoyen en la fe y la confianza en la voluntad de Dios. Pero no podemos obligar a nadie a quedarse, pues se trata de una decisión personal de la que es responsable la persona o la familia en cuestión.

No obstante, nosotros como pastores permanecemos junto a todos aquellos que no se van, y les servimos de todo corazón y con todas nuestras fuerzas. Estamos realizando un constante esfuerzo por ayudar a cada uno de ellos y mediante todos los medios a nuestro alcance, a través de la comunicación, los viajes, la correspondencia, los informes, los congresos, etc. Y les damos las gracias a todos los que nos ayudan en esta difícil tarea: a escala local o internacional, a todas las instituciones civiles o religiosas, cristianas o musulmanas, católicas, ortodoxas, anglicanas, luteranas u otras.

El Papa Francisco se dirige a nosotros en nuestras dificultades

También agradecemos de forma especial a Su Santidad Papa Francisco sus oraciones, su preocupación, sus llamamientos, sus discursos y también el apoyo material a través de los dicasterios romanos y las diferentes organizaciones relacionadas con el Vaticano. En particular, queremos darle las gracias por su especial carta dirigida a los cristianos de Oriente Próximo con ocasión de la Fiesta de la Natividad y por el Año Nuevo, y tenemos el placer de citar aquí pasajes especialmente hermosos y significativos para nosotros y para todos nuestros compatriotas:

“Me alegro de las buenas relaciones y la cooperación entre los Patriarcas de las Iglesias orientales católicas y los Ortodoxos, así como entre los fieles de las diversas Iglesias. Se trata del ecumenismo de la sangre”.

“Vuestra presencia es valiosa para Oriente Medio. Sois un pequeño rebaño, pero con una gran responsabilidad en la tierra en que nació y se extendió el cristianismo. Sois como la levadura en la masa”.

“La mayor riqueza para la región son los cristianos, sois vosotros. Gracias por vuestra perseverancia”.

“En esta región estáis llamados a ser constructores de paz, reconciliación y desarrollo, a promover el diálogo, tender puentes en el espíritu de las Beatitudes (cfr. Mateo 5,3-12) y a anunciar el Evangelio de la paz, en un espíritu de voluntariosa cooperación con todas las autoridades nacionales e internacionales”.

“Toda la Iglesia está cerca de vosotros y os apoya con inmenso respeto y afecto por vuestras comunidades y vuestra misión. Nosotros seguiremos asistiéndoos con nuestras oraciones y con todos los demás medios de los que disponemos”.

“No estáis solos. Espero tener la oportunidad de visitaros en persona y de poder confortaros”.

Sufriendo una escuela de fe

Decimos todo esto desde la esperanza de fortalecer la fe de nuestros creyentes. Además, escuchamos el testimonio de muchos de nuestros creyentes que nos hablan de su fe, resistencia y experiencia de la protección divina, y de que Dios protege y preserva a todos los ciudadanos de muchos desastres. Nosotros, los Obispos, sentimos que estamos siendo enseñados por la fe de nuestros fieles.

Damos las gracias a Dios por todo ello, y nos alegramos del retorno de algunos creyentes, de algunos ciudadanos a sus lugares de origen: así, por ejemplo, a Ma’alula, a Qusayr, a algunos barrios de Homs y a otros lugares. También nos alegra ver y saber que se están empezando a reconstruir las casas e iglesias en Ma’alula, Nabk, Homs y Yabrud. Y también estamos contentos por la compensación entregada por el Estado y por la ayuda de nuestros creyentes, y, finalmente, damos las gracias a todas las instituciones y amigos internacionales que nos ayudan en esta dirección.

La llama de la esperanza

Nos dirigimos a todos nuestros creyentes y a todos nuestros compatriotas como hicimos en nuestras cartas con el Santo Padre, Papa Francisco, quien dijo: “No permitáis que la llama de la esperanza se extinga en vuestros corazones”. Nosotros lanzamos en Navidades la iniciativa “La llama de la esperanza en la paz en Siria”. Una vez más, pedimos a todo el mundo que encienda esta llama a diario en sus hogares y corazones, en sus almas y sentimientos. Quiera Dios que sea una luz real inextinguible (¡pese a la ocasional falta de luz o gas o carburante!) que ilumine el camino para todos los ciudadanos.

¡No temas! ¡Yo te amo!

Quisiera mencionar aquí algunos versículos de las profecías de Isaías, en los que encontramos gran consuelo y una fuerte dosis de fortaleza, ambos tan necesarios ahora entre nosotros:

 “Yo, el Señor, te sostendré de la mano y te guardaré. No temas, porque te he redimido y te he llamado por tu nombre; eres mío. Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo… a todos los que son llamados con mi Nombre, a los que he creado para mi gloria, a los que yo mismo hice y formé; sí, yo lo formé…” (Isaías 42:6, 43:5a, 7).

Llamamiento a una Jornada Mundial de Oración por la paz en Siria; 15-16 de marzo de 2015

Desde las profundidades de nuestro sufrimiento y dolor en Siria, nos dirigimos a todo el mundo para exclamar junto con nuestra gente que sufre y que camina por la sangrienta vía de la cruz: ¡Basta! ¡Basta! ¡Basta de guerra en Siria!

Creemos en la fuerza de la oración y el ayuno en esta Gran Cuaresma, por lo que llamamos a un día de solidaridad con Siria, a una jornada de ayuno y oración por la esperanza y la paz en Siria.

 

+ Gregorio III

Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente

De Alejandría y Jerusalén

Posted on 13 marzo, 2015 in Varios

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