«Jesús es la puerta que conduce a la paz»

ACN-20151216-33752

Belén celebró las Navidades en circunstancias difíciles – La Iglesia desea aprovechar el Jubileo de la Misericordia para reforzar en su fe a los cristianos en la ciudad natal de Jesús.

José y María acunan en silencio al Niño. Los pastores se agolpan alrededor de ellos. En capillas subterráneas, a las que se accede por angulosos pasillos bajo la iglesia de la Natividad de Belén, niños vestidos de época representan la escena del Nacimiento del Salvador, que se desarrolló hace más de 2.000 años muy cerca de allí: solo unos metros más allá se encuentra la gruta donde una estrella plateada marca el lugar del Nacimiento. Los pequeños actores que representan a la Sagrada Familia y a los Reyes Magos son niños discapacitados de toda Palestina. Viven en una casa cercana a la iglesia de la Natividad, que atienden religiosas del Instituto del Verbo Encarnado. «Nuestros niños necesitan impresiones fuertes para comprender las verdades de nuestra fe», dice sor Maria, que se ocupa de los pequeños. «Una representación del Nacimiento les ayuda a comprender el misterio de la Navidad. Así ven claramente que Dios se hizo un niño pequeño y débil como ellos para compartir, por amor, nuestra naturaleza».

La escena, serena y pacífica, que se desarrollaba en la iglesia de la Natividad se encontraba en clara contraposición a la situación general de Tierra Santa, donde no se aprecia en absoluto la paz navideña. Desde hace meses, una oleada de violencia azota Israel y Palestina. Desde finales de septiembre, más de 20 israelíes han resultado muertos por atacantes palestinos; en la mayoría de los casos emplearon cuchillos y otras armas blancas. Más de 100 palestinos han resultado muertos en esas luchas o en otros encuentros violentos; cientos han quedado heridos. La violencia se desencadenó por el temor de que Israel pudiera modificar el statu quo en la Explanada de las Mezquitas, que tanto musulmanes como judíos veneran como lugares santos. Sin embargo, los observadores piensan que la razón profunda de los disturbios radica en la paralización en la política entre israelíes y palestinos. Una solución pacífica y un acuerdo para la creación de dos Estados parece no estar a la vista.

La administración municipal de Belén decidió que este año se organizarían celebraciones navideñas más modestas, por respeto a las víctimas de la violencia. La alcaldesa Vera Baboun, una católica a la cabeza del Ayuntamiento, explicaba las diferencias de este año: «no queríamos celebrar sencillamente las Navidades, como si no hubiera pasado nada. Cuando pusimos el árbol de Navidad delante de la iglesia de la Natividad renunciamos a los fuegos artificiales. En su lugar sonaron las campanas de las iglesias de la ciudad. Iglesias de todo el mundo se adhirieron al sonido de las campanas por la paz. Además redujimos la iluminación festiva. Queríamos mostrar que celebramos el nacimiento del Príncipe de la paz, pero que al mismo tiempo no tenemos paz y que estamos de duelo por nuestros muertos».

La violencia se refleja no solo en la reducción de las celebraciones. El sector del turismo de Belén lamenta que esta temporada haya quedado muy por debajo de las expectativas; y la temporada de Navidad es decisiva para Belén en general y para sus cristianos, en particular. Muchos cristianos viven del alojamiento y la atención de los peregrinos y de la venta de recuerdos devotos. «Este año es muy malo», dice Jack Giacaman en una conversación con «Ayuda a la Iglesia que Sufre». Este católico vende figuras talladas con madera de olivo de Belén. Su comercio, cercano a la Gruta de la Leche, donde según la tradición la Virgen María amamantó al Niño Jesús, está vacío. «Desde la guerra de Gaza, el pasado año, le gente tiene miedo de venir a Tierra Santa. Es un temor infundado; los peregrinos están seguros aquí. Sin embargo, muchos han cancelado su viaje». La Cámara de Comercio de Belén estima que, este año, la cifra de camas ocupadas durante la Navidad apenas alcanzará la mitad del número usual. Es decir, allí donde María y José no encontraron posada hay muchas habitaciones libres en 2015.

A la vista de la difícil situación económica y política, una y otra vez hay familias cristianas que se deciden a abandonar Belén y Tierra Santa. El hecho de que casi 60 familias cristianas del valle de Cremisan, cercano a Belén, hayan perdido sus tierras a la barrera israelí de Cisjordania —a pesar de procesos judiciales de años de duración—, oprime el estado de ánimo y hace que muchos cristianos duden de un futuro en Tierra Santa. «Recientemente se han ido de nuevo algunas familias; esto es muy doloroso para nosotros», dice el padre Ricardo Bustos hablando con «Ayuda a la Iglesia que Sufre». El sacerdote es el guardián del convento franciscano situado junto a la iglesia de la Natividad. En mayo del pasado año pudo saludar aquí al Papa Francisco; el padre Ricardo le conocía ya de la época en que trabajó en Argentina. «Como Iglesia, queremos aprovechar el Jubileo de la Misericordia para recordar a los cristianos de Belén su vocación y para reforzarlos en la fe. Son testigos de la paz que nos ha traído Jesús, y aunque la paz parezca muy lejana y el camino hacia allí esté lleno de dificultades, el hecho de que Dios se haya hecho hombre aquí, hace 2.000 años, es un signo de paz y esperanza para este país y sus habitantes». Esto puede decirse —añade el padre Ricardo— especialmente en el Año de la Misericordia proclamado por el Papa Francisco. En Nochebuena, antes de la Misa de medianoche, el Patriarca Latino abrió la Puerta Santa en la iglesia católica de Santa Catalina, situada junto a la iglesia de la Natividad. «Jesús es la puerta que conduce a la paz con Dios y entre nosotros —dice, convencido, el padre Ricardo—. Dios ha venido para cambiar nuestra historia. Por muy frágil que parezca el Niño en el pesebre, la promesa de Dios es fuerte y firme».

Oliver Maksan, press@acn-intl.org

Posted on 29 diciembre, 2015 in Noticias

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