«Huyeron en el último minuto»

El convento de sor Sanaa y las hermanas de sus comunidad fue destruido por ISIS – «Ayuda a la Iglesia que Sufre» apoya a religiosas y sacerdotes en su nuevo comienzo.

En 2014, más de 120.000 cristianos tuvieron que huir de ISIS en Irak, entre ellos docenas de sacerdotes y religiosos. Muchos de ellos encontraron refugio en la región autónoma kurda de Irak después de haberlo perdido todo, como le sucedió a Sor Sanaa. La religiosa es la superiora de la congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón. «El 24 de noviembre, nuestro convento de Mosul fue volado por los aires por ISIS. Primero intentaron tirar las cuatro cruces del tejado; después destruyeron todo el edificio. No sabemos por qué razón concreta —dice—. Nos ha entristecido mucho y supuso un momento crítico para nuestra comunidad, pues fue nuestra casa espiritual durante muchos años. Yo ingresé en la comunidad allí, en 1985. En Mosul teníamos una animada actividad pastoral; entre otras cosas, llevábamos una residencia para ancianos».

Si embargo, las penalidades comenzaron para las religiosas ya meses antes de la destrucción de su convento. En ese momento, Sor Sanaa no estaba en la ciudad; había querido volver con sus hermanas, después de un viaje; pero a comienzos de junio estaban ya bloqueadas todas las vías de acceso. «Días antes de que la ciudad cayera por completo en manos de ISIS se produjeron fuertes luchas entre el ejército y los yihadistas. Nuestro convento estaba justo entre los frentes y cayó bajo un fuerte fuego continuo. Las hermanas tenían mucho miedo y abandonaron el convento para dirigirse a otra casa de Mosul. Pudieron huir poco antes de que ISIS se hiciera con la ciudad; realmente, en el último minuto», comenta. «Las religiosas consumieron el Santísimo antes de huir, pues no querían que cayera en manos de los yihadistas. Pero, desgraciadamente, tuvieron que dejar allí el sagrario, pues no cabía en el coche». La comunidad de religiosas huyó hacia Tilkef, una población parcialmente cristiana, cercana a Mosul, donde las religiosas tenían una imprenta para libros litúrgicos; pero pronto tuvieron que huir de nuevo: ISIS conquistó también Tilkef.

Sin embargo, Sor Sanaa tuvo la valentía de dirigirse tres veces a Mosul después de haber caído en manos de los islamistas y estar dominada por ellos. «Tuvimos que dejar allí todo nuestro archivo. En mi condición de superiora, era mi responsabilidad salvarlo, pues es nuestra memoria de cien años, con importantes documentos». En su peligroso viaje le acompañaron voluntarias. «No quise obligar a nadie a venir conmigo, pues era muy peligroso; otras religiosas fueron secuestradas por ISIS». En tres ocasiones consiguió pasar los puestos de los barbudos soldados de ISIS, quienes habían alzado la bandera negra del Califato. El archivo estaba salvado.

Actualmente, la religiosa vive en Ankawa, un barrio cristiano de Erbil, la capital regional kurda. «Ayuda a la Iglesia que Sufre» proporciona ayuda económica a las veinte religiosas afectadas, en su nuevo comienzo. Además, se está instalando una escuela provisional para los niños entre los refugiados cristianos. Las religiosas darán allí clase, con lo que percibirán un sueldo del Estado, lo que les ayudará a asegurar su futuro. A su manutención contribuye también una máquina para la confección de Hostias, adquirida asimismo con el apoyo de «Ayuda a la Iglesia que Sufre»; las religiosas confeccionan también sotanas y ornamentos litúrgicos, para los sacerdotes que han tenido que dejar todo al huir de ISIS, como es el caso del padre Janan.

Este religioso sirio-ortodoxo vive ahora, con otros religiosos de su comunidad, en una colonia cercana a Erbil. Con fondos de «Ayuda a la Iglesia que Sufre», la Iglesia ha alquilado allí numerosas viviendas. «Huimos el 6 de  agosto de Karakush. Todo fue tan rápido que incluso dejamos nuestros documentos de identidad. Pensábamos que los soldados kurdos nos protegerían; pero cuando estos se retiraron de repente, huimos precipitadamente». No pudieron llevarse nada, ni vasos litúrgicos, ni libros ni ornamentos. «Aquí, otros religiosos nos han dejado ornamentos y libros para que podamos celebrar la liturgia. Continuamos como podemos nuestra vida conventual, en la medida de lo posible», dice y enseña la capilla provisional que han instalado en la planta baja de la casa adosada. «La liturgia de la palabra por la mañana, al mediodía y por la tarde estructura nuestra jornada. Y por supuesto que celebramos la Santa Misa». Se celebra en una tienda de campaña, que sirve de iglesia para los refugiados. Bajo una carpa blanca se encuentran sillas de plástico. Docenas de mujeres se han reunido para rezar el rosario. Un icono del Salvador y de la Virgen son la única ornamentación. «Aquí celebramos la Santa Misa. También hemos bautizado a niños aquí. Es importante que esta colonia de refugiados tenga un corazón espiritual. Aunque hayamos perdido nuestras casas, Dios está en todas partes con nosotros».

 

Por Oliver Maksan

Posted on 15 enero, 2015 in Noticias

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