Guerra en Ucrania del este: muertes, penalidades, sufrimiento y esperanza en Dios

Impresiones de visitantes y noticias dirigidas a la Fundación Pontificia Internacional «Ayuda a la Iglesia que Sufre»

Mons. Bronislaw Bernacki se muestra perplejo: «Nadie esperaba que Europa, en estos tiempos, pudiera volver a vivir la guerra», dice el Obispo católico romano de Odessa-Simferopol en una visita a la Fundación Pontificia Internacional «Ayuda a la Iglesia que Sufre». La guerra ha rasgado literalmente su diócesis, creada en el año 2002: debido al conflicto ucraniano que desde hace un año se dirime con las armas, la región está dividida. Desde Odessa, en el Mar Negro, Mons. Bernacki se ocupa de los católicos de su diócesis que siguen perteneciendo a Ucrania. Su Obispo auxiliar Jacek Pyl se quedó en Simferopol, en Crimea, y atiende a los fieles de allí.

También en Zaporizhya, no lejos de la región del conflicto, al este de Ucrania, se aprecian las consecuencias de la guerra, como ha confirmado el Obispo auxiliar católico romano de Kharkiv-Zaporizhya, Jan Sobilo, en una conversación telefónica mantenida con Magda Kaczmarek, responsable de Ucrania en «Ayuda a la Iglesia que Sufre». Según las palabras del Obispo, el número de refugiados procedentes de las regiones en plena conflagración Donetsk y Lugansk, aumenta constantemente. Solo en Zaporizhya, situada más al oeste, son ya 75.000 personas. Por iniciativa de la diócesis, los refugiados pueden acudir diariamente a un comedor, organizado por la Orden de los Servidores de los Pobres. Además, las mujeres y los niños reciben una ayuda más por semana; los hombres, actualmente, se van de vacío porque no hay suficiente para repartir. «Ayuda a la Iglesia que Sufre» apoya esta y otras actividades de ayuda en la región. Durante los últimos meses aportó fondos por más de 130.000 euros.

El sufrimiento y la necesidad los conoce también el Obispo greco-católico Jaroslav Pryriz, de la eparquía de Sambir-Drohobych, en Ucrania occidental. En la región en guerra, al este, desarrollan su labor 20 clérigos durante seis a ocho semanas, cada uno. Se ocupan de los soldados, en su mayoría jóvenes que se han presentado voluntarios, pero también los hay reclutados por el ejército. En una visita habla de sus experiencias, en una conversación mantenida con Magda Kaczmarek: «los sacerdotes son sustituidos cada 45 días, pues nadie aguanta allí más tiempo. Bastantes de los que regresan de allí no quieren volver a esa región, porque la presión psicológica es enorme, pero vuelven porque desean atender a los fieles». El deseo de conversar y de recibir atención espiritual —según comenta el Obispo— es muy grande. «Tanto los católicos y ortodoxos como los de otras confesiones están contentos cuando un sacerdote se ocupa de ellos, aunque muchos de ellos nunca hayan oído hablar de Dios», comenta Mons. Pryriz.

Los relatos de la capital ucraniana son también estremecedores: «soldados heridos procedentes del este están reponiéndose, también en un hospital provisional instalado en la catedral greco-católica de Kiev. Nunca había visto tanto sufrimiento, dolor y tantas tragedias. Tengo 53 años y no había vivido ninguna guerra, pero lo que he visto ahora, personas sin manos, sin piernas, sin ojos, orejas… son imágenes que me persiguen». El Obispo de Sambir-Drohobych añade: «muchos soldados de nuestra diócesis han muerto. Han desaparecido sencillamente o nadie conoce su paradero, nos han dicho que algunos han sido incinerados o vuelven en un féretro. Es algo que no se puede ni siquiera imaginar. ¡Tanto dolor por los hijos, los padres, los maridos!».

Al final de su visita a «Ayuda  la Iglesia que Sufre», Mons. Bernacki, Obispo de Odessa-Simferopol, recuerda el llamamiento del Papa Francisco por la paz en Ucrania. El Obispo exhorta: «Necesitamos la paz y que termine el derramamiento de sangre. Los cristianos de oriente y occidente están celebrando ahora la cuaresma. Les invito a todos a que recen por la paz, pues el mal solo se puede superar con el bien».

Posted on 18 marzo, 2015 in Noticias

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