Gratitud por la llamada de Dios

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Los criterios para la admisión en un seminario mayor han sido revisados en todo el mundo a raíz del debate sobre abusos de hace cinco años. Ahora se presta más atención a la salud y al equilibrio psíquicos.

El futuro sacerdote solo puede estar “loco” en un punto: por amor a Dios. Esta “locura” también forma parte de la formación de la personalidad. De los casi diez mil futuros sacerdotes que reciben el apoyo de Aid to the Church in Need (ACN) en todo el mundo nos llegan muchas cartas, y en ellas destaca sobre todo una virtud: la gratitud. Gratitud hacia Dios que regala la vocación, y frente a ustedes, en los que ven “la providencia divina”.

Gover Chávez de Yurimaguas (Perú) es consciente de los “problemas del mundo” y de sus debilidades, pero también de que Dios lo ayuda a llenar su vocación con conocimientos. Julio César, del mismo seminario, va más allá: para él, la ayuda de ustedes es un acicate para permanecer fiel a su vocación y para “poder un día llegar a mostrar su gratitud a través del ministerio eclesial”. Gover, Julio, Enrique, Juan y todos los demás nos dan motivos para creer que son dignos del sacramento del Orden sacerdotal y que lo asimilarán íntegramente, como dice San Agustín: “La virtud espiritual del sacramento es semejante a la luz: los que deben ser iluminados la reciben en su pureza”. En Yurimaguas, uno de los Vicariatos Apostólicos más pobres del Perú, hay 26 jóvenes varones que se preparan para el sacerdocio. El apoyo de ustedes (21 millones 997 mil pesos) fortalece su vocación.

También hay esperanza de que los 172 futuros sacerdotes procedentes de 27 diócesis que estudian en el seminario de Cristo Sacerdote en La Ceja (Colombia) lleguen a ser buenos pastores y misioneros. Nosotros los ayudamos con 65 millones 685 mil pesos. La selección es rigurosa y las exigencias altas. Germán Darío percibió su vocación ya de pequeño. “Un día, un sacerdote capuchino que llegó a nuestro pueblo cantó la canción de El sembrador, que me emocionó profundamente; enseguida supe que ese era mi camino”. Su madre no lo entendió y tampoco el párroco. Ingresó en el seminario, pero tuvo que ponerse a trabajar por problemas económicos. Ahora, a la edad de 32 años, ha regresado a él y es feliz. “Doy gracias a Dios de corazón por esta maravillosa vocación y también a todos los benefactores que la fortalecen y que siempre estarán presentes en mis oraciones para que Dios los colme de bendiciones”.

También Reinaldo dio rodeos, pero la semilla de la vocación que su abuela, “que me enseñó el gran amor a Dios y Su Iglesia”, y su párroco “a través de su testimonio” plantaron en su corazón, germinó y creció en su interior. Reinaldo desempeñó con éxito varias profesiones, pero, no obstante, buscó el camino que le condujo al seminario.

Otros, como Óscar Alirio, ingresaron inmediatamente después de la escuela y están agradecidos de que los hayan ayudado a “escuchar la llamada de Dios desde el momento en el que me llamó cariñosamente”. Cada uno de los 172 seminaristas tiene su historia, y Dios llama a cada persona por su nombre. Nosotros podemos ayudar a que respondan.

Posted on 18 marzo, 2016 in Noticias

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