Entrevista con Magda Kaczmarek

Magda Kaczmarek, encargada de Bielorrusia en la Fundación Pontificia Internacional «Ayuda a la Iglesia Necesitada», viajó una vez más a este país del Este de Europa a comienzos de noviembre de 2014. En la entrevista que reproducimos a continuación describe las primeras impresiones que obtuvo en las cuatro diócesis católicas del país.

¿Qué experiencias ha obtenido en su viaje?

Magda Kaczmarek: «Es generalmente conocido que los bielorrusos viven en una dictadura. El país causa la impresión de estar muy aislado. Se tiene la sensación de que el comunismo está aún presente. Tanto en las ciudades como en el campo sigue habiendo monumentos de Lenin o de miembros del Ejército Rojo, tanques o aviones, en recuerdo de los viejos tiempos. Yo me crie en la Polonia socialista; durante estos días es como si hubiera vuelto a esa época en Polonia».

¿Qué quiere decir con eso?

Magda Kaczmarek: «Se siente que las personas tienen poca confianza unas en otras. La inseguridad y la desconfianza son muy grandes. En general hay orden y limpieza, pero muchas cosas causan una impresión de esterilidad. Sobre todo en el campo todo es gris, sencillamente triste. La vida es muy monótona. Por el campo se ven pocos automóviles. Un litro de gasolina cuesta menos de 0,90 euros, pero los ingresos medios son solo de 250 euros al mes. Los bielorrusos, que trabajan sobre todo en la agricultura, en koljoses, tienen ciertos ingresos, pero no disponen de muchas posibilidades».

¿Acepta la población sencillamente esas difíciles condiciones de vida?

Magda Kaczmarek: «Por un lado, les llega poca información del extranjero; por otro, se arreglan en cierto modo con la realidad. El alcohol es barato. Con un consumo de casi 16 litros de alcohol per cápita, Bielorrusia ocupa la primera posición en Europa. A veces se ven pueblos que parecen abandonados. Hay una gran emigración a las ciudades, por lo que también las pequeñas ciudades crecen rápidamente. Esto es, naturalmente, un reto, también para la Iglesia católica, a la que según datos oficiales pertenecen poco menos de 1,5 de los casi 9,5 millones de habitantes del país».

¿En qué sentido es un reto para la Iglesia?

Magda Kaczmarek: «Muchos no esperaban que, tras el cambio de 1989 y la independencia de 1991, en Bielorrusia se respetara la libertad religiosa, pues en el territorio de la extinta Unión Soviética se intentó erradicar la fe en Dios durante 70 años. En la época soviética no solo se perseguía a la Iglesia, sino que fue destruida literalmente: las iglesias se transformaron en cines, en almacenes y pabellones de deporte o en oficinas. Los sacerdotes eran perseguidos, deportados a los gulags de Siberia o asesinados. Pero todavía hoy, no solo en las ciudades sino también en el campo, hay católicos de los que tiene que ocuparse la Iglesia. Entre ellos hay muchas personas que buscan, que están abiertas a Dios y que, por muchas razones, no podían vivir su fe. La Iglesia se siente obligada a encontrarlos, a recordar sus raíces católicas, para ofrecerles de nuevo la atención pastoral. Es muy bello ver a abuelas que han trasmitido la fe acudir a la iglesia con sus nietos. Par mí, este viaje, en realidad como todos, ha sido como hacer unos ejercicios espirituales, pues mi fe ha salido reforzada».

¿Cuáles son las tareas más urgentes para la Iglesia? 

Magda Kaczmarek: «Uno de los mayores desafíos es la pastoral, para niños, para jóvenes, para matrimonios: la pastoral familiar. En Bielorrusia, de 100 matrimonios, 70 acaban en divorcio. Las cifras son conocidas. Vocaciones solo pueden proceder de familias intactas, en las que se vive la fe. Y los candidatos al sacerdocio deben tener profesores bien formados. También es una tarea de “Ayuda a la Iglesia Necesitada” colaborar a financiar su formación, para que adquieran buenos conocimientos. Otra tarea es la construcción de pequeñas iglesias y capillas, que se necesitan en nuevas urbanizaciones. Todavía está sin aclarar la devolución de propiedad eclesiástica, confiscada por el Estado después de la Segunda Guerra Mundial. En muchos casos, la asignación gratuita de terrenos es una señal positiva; pero conseguir un permiso de construcción puede durar años. La burocracia cansa y hace enfermar literalmente a los sacerdotes».

¿Cómo se financia la Iglesia, dado que los fieles tienen tan pocos ingresos?

Magda Kaczmarek: «El Estado no financia a la Iglesia, que en gran medida depende de las ayudas del exterior; pero el Estado ve con buenos ojos el compromiso social de la Iglesia, con comedores para pobres, guarderías o actividades pro vida, si bien no recibe ayudas para ello. Bielorrusia no tiene aún un concordato con la Santa Sede. Por ejemplo, los sacerdotes procedentes del extranjero solo pueden estar unos meses en el país, lo que —debido a la carencia de sacerdotes y religiosos— produce impasses en la atención pastoral. En ocasiones tampoco se prorrogan los visados».

Decía que la labor caritativa es tolerada. ¿Qué hace la Iglesia por la población?

Magda Kaczmarek: «Ejemplos de las actividades de la Iglesia son la ayuda a las personas sin techo y a las familias, así como el asesoramiento a embarazadas con problemas. Junto a Rusia, Bielorrusia es uno de los países con mayores cifras de abortos. Este es un problema acuciante. La Iglesia se preocupa de todos, con independencia de su religión. Toda persona que busca ayuda es bienvenida».

¿Cómo ayuda «Ayuda a la Iglesia Necesitada» en Bielorrusia?

Magda Kaczmarek: «Apoyamos la labor pastoral, que es muy importante, a los sacerdotes y religiosos. Ayudamos a financiar la formación de candidatos al sacerdocio y de religiosos y aseguramos la existencia de las religiosas. Ayudamos con intenciones de la Misa, en la construcción o reconstrucción de iglesias y capillas. Para la difícil labor en regiones de “diáspora”, financiamos automóviles. Y próximamente ayudaremos en la construcción de un centro familiar en la capital, Minsk».

Posted on 19 noviembre, 2014 in Noticias

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