En India, las promesas del Gobierno y la persecución de los cristianos corren paralelas

Königstein (Alemania) /NUEVA DELHI (9 de marzo de 2015).

“Tres policías intentaron alejarme a rastras, pero yo me resistía. Entonces, media docena de ellos me alzaron en el aire –uno agarrándome por el cuello– y me introdujeron en el furgón policial”. La sotana no protegió al P. Dennis George, según este mismo explicó a la fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia que Sufre el 5 de marzo. El “delito” del P. George, un sacerdote de la Archidiócesis de Nueva Delhi, fue intentar unirse a la manifestación del 5 de febrero contra la profanación y los ataques sufridos por cinco iglesias católicas en la capital india, así como contra los meses de hostigamiento por parte de los hindúes contra los cristianos en todo el país.

Los disturbios impulsaron al líder político indio a reaccionar. “Mi Gobierno no permitirá que ningún grupo religioso, ya sea mayoritario o minoritario, incite al odio contra otros, abierta o encubiertamente”, declaró el 17 de febrero del primer ministro indio, Narendra Modi. “Mi Gobierno será un Gobierno que trate con el mismo respeto a todas las religiones”, dijo Modi en esa fecha, con ocasión de las celebraciones en honor a los dos nuevos santos indios canonizados en noviembre del año pasado por el Vaticano: Chavara Elías Kuriakose y la Hna. Eufrasia. “No podemos aceptar ningún tipo de violencia contra ninguna religión bajo ningún pretexto, y yo condeno enérgicamente este tipo de violencia. Mi Gobierno actuará con firmeza en este sentido”, declaró Modi ante más de mil católicos, entre los que había una docena de obispos y centenares de sacerdotes y religiosas.

Con este discurso, Modi rompió un prolongado silencio tras meses de violencia y hostigamiento contra cristianos y otras minorías religiosas por parte de extremistas hinduistas, envalentonados por la victoria electoral de mayo de 2014 del partido nacionalista hindú BJP, victoria que aupó a Modi al poder. Sin embargo, las palabras del primer ministro han tenido pocas consecuencias hasta el momento: los discursos que incitan al odio contra los cristianos, la reconversión pública de cristianos y el trato violento que les dispensan las autoridades públicas continúan sin que se tomen medidas.

Las promesas de Modi fueron la respuesta a las continuas protestas de cristianos y activistas seculares que culminaron en una manifestación silenciosa sin precedentes encabezada por 140 obispos el 6 de febrero en Bangalore, en el sur de India. “El silencio de los responsables de defender nuestros derechos constitucionales y su fracaso a la hora de proteger a la comunidad es ciertamente incomprensible”, reza una declaración de la Conferencia Episcopal India emitida en marzo con ocasión de una vigilia a la luz de velas.

La histórica protesta del 6 de febrero tuvo lugar un día después de la feroz represión policial de las protestas cristianas en Nueva Delhi del 5 de febrero, ocasión en la que el P. George fue detenido. Mujeres, niños, religiosas y sacerdotes fueron introducidos en los furgones policiales a las puertas de la catedral del Sagrado Corazón, justo cuando se preparaban para marchar hacia la residencia cercana del ministro de Interior, en protesta por el incendio y profanación de cinco iglesias católicas en Nueva Delhi durante los dos meses precedentes.

Antes incluso de que los medios de comunicación terminaran de analizar la importancia de las declaraciones de Modi, un líder nacionalista hindú atacó el 23 de febrero a una reverenciada figura católica. “Es bueno trabajar por una causa de forma desinteresada, pero la labor de la Madre Teresa de Calcuta tenía un motivo ulterior, a saber, el de convertir al Cristianismo a la persona atendida”, dijo Mohan Bhagwat, jefe del Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), el Cuerpo Nacional de Voluntarios considerado el origen del nacionalismo hindú apoyado por el BJP. Este incendiario comentario provocó una oleada nacional de indignación de la que se hizo eco incluso el Parlamento.

El P. George no olvidará fácilmente el trato recibido a la puerta de la catedral del Sagrado Corazón, donde se habían reunido quinientos laicos para protestar contra los ataques a las iglesias católicas. “Cuando vi a la policía golpeando a la gente y arrastrando incluso a mujeres hacia los furgones, me adelanté (en sotana) para pararlos”, explicó a Ayuda a la Iglesia que Sufre. Y añadió: “Ahora estoy contento de que me ocurriera, aunque ya tenía una idea de lo que nuestra gente está experimentando aquí y ahí. El suceso no me intimidó, sino que me inspiró”.

Posted on 13 marzo, 2015 in Noticias

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