El Papa en Turquía : balance de una estancia

El viaje del Papa a Turquía se ha caracterizado por varias etapas importantes, que se han desarrollado bajo el signo del diálogo: primeramente se reunió con el Presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y los representantes musulmanes; después, con la comunidad católica de Turquía y con el Patriarca ecuménico Bartolomé I, primado de la Iglesia ortodoxa. La visita estuvo marcada por medidas de alta seguridad. El primer día de su viaje, en Ankara, el Papa se inclinó —como está previsto para todos los jefes de Estado— ante el mausoleo de Atatürk, el fundador de la República turca. En una declaración conjunta para la prensa, el Presidente turco dijo compartir las mismas opiniones que el Papa sobre este encuentro, que es un «símbolo de esperanza para todo el mundo», antes de que el Papa Francisco invitara a un diálogo interreligioso. El Papa rezó por el bien de Turquía, a fin de que siga sirviendo de puente entre civilizaciones; dijo sentirse feliz de haber venido a Turquía, un país importante desde el punto de vista histórico y geopolítico. En su discurso, Erdogan hizo algunas referencias fuera del tema en relación con cuestiones de actualidad; advirtió de forma violenta que «no aceptaría la discriminación y el odio», refiriéndose a la islamofobia en Europa; pero no habló, en contrapartida, de los excesos islamistas en Siria e Irak. Esta parte del discurso estuvo particularmente fuera de lugar, porque el Presidente turco no mencionó en absoluto a los cristianos asesinados por su fe en esta parte del mundo. Calificó a Siria e Israel como estados «terroristas» sin tener en cuenta el equilibrio regional. Se aprecian bien las ideas de quien se niega a admitir la verdad, sobre todo en relación con un país, Turquía, que es conocido por haber alentado en sus comienzos la creación del Estado islámico, en su obsesión contra Bashar al-Assad. «La relación entre el Islam y el terror es el resultado de la islamofobia», osó declarar. Se puede hablar de un diálogo de sordos. «El Papa se ha expresado desde una perspectiva pastoral, mientras que el Presidente ha hecho un discurso muy político», resumió muy diplomáticamente el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi.

En su respuesta, el Papa se refirió a la necesidad de superar los temores y los prejuicios y apeló al deber de proteger la libertad religiosa y de reconocer «los mismos derechos» a todos los ciudadanos, independientemente de su confesión, y refiriéndose por tanto al reconocimiento jurídico de las diferentes confesiones cristianas que todavía no gozan de status en Turquía. Musulmanes, cristianos y judíos deben asumir las mismas responsabilidades, dijo. El Papa animó a Turquía a mostrar el ejemplo del «diálogo interreligioso» para reducir la amenaza fundamentalista dentro de sus propias fronteras. «Una mayor libertad, un reconocimiento más visible podría constituir para los cristianos un signo de esperanza y de un mejor futuro, que les llevarían a no pensar continuamente en emigrar a Europa y Occidente —añade el padre Alberto Ambrosio, dominicano que reside en Estambul—, pues todavía hay cristianos que abandonan Turquía por considerar incierto su futuro».

En el avión, durante el viaje de regreso, y preguntado por esta cuestión, el Santo Padre precisó que había sugerido al Presidente turco Recep Tayyip Erdogan, con ocasión de su encuentro del viernes, a que se produjera una condena global del terrorismo por parte de los dirigentes musulmanes: «Dije al Presidente que sería un bello gesto que todos los dirigentes islámicos, ya sean políticos, religiosos o universitarios, se expresaran claramente y lo condenaran, porque eso ayudaría a la mayoría del pueblo musulmán», añadió.

El día siguiente, el sábado 29 de noviembre, el Papa fue recibido delante de la Mezquita Azul, denominada Sultanahmet en Turquía, por el Mufti de Estambul, Rahmi Yaran, quien le explicó el sentido de varios versículos del Corán, representados en una parte del edificio. El Papa se recogió unos momentos, cerrando los ojos, antes de visitar la antigua basílica de Santa Sofía. La jornada concluyó con una Misa en la catedral católica del Espíritu Santo, con un encuentro con refugiados cristianos de Irak y Siria, con las autoridades religiosas de otras confesiones cristianas presentes en Turquía y con una oración ecuménica con el Patriarca Bartolomé I. Este encuentro entre las dos cabezas de Iglesias hermanas —siguiendo la expresión consagrada— es la confirmación de que debe continuar el diálogo ecuménico. Los dos líderes religiosos firmaron una declaración para superar los obstáculos que dividen la Iglesia católica y la ortodoxa desde 1054, entre otras cosas. «La Iglesia católica no pretende imponer ninguna exigencia, salvo la profesión de una fe común», declaró el Papa. Para ilustrarlo, Francisco y Bartolomé aparecieron unidos por las manos y se abrazaron en el balcón del Phanar, la sede del Patriarcado en el viejo Estambul, después de la ceremonia común del domingo por la mañana, bajo los aplausos de una pequeña multitud de fieles. La principal cuestión para el mundo ortodoxo sigue siendo la importancia de Rusia y su voluntad —o no— de actuar en el sentido de este diálogo.

Los dos hicieron asimismo una defensa vigorosa de los cristianos de Oriente amenazados por los yihadistas en Irak y Siria. En una declaración común, aseguraron que nunca aceptarían «un Oriente Próximo sin cristianos». «Muchos hermanos y hermanas nuestros son perseguidos y han sido obligados violentamente a abandonar sus casas», dicen; rechazan «la indiferencia de muchos» frente a su situación. «La terrible situación de los cristianos y de todos aquellos que sufren en Oriente Próximo no solo exige una oración constante, sino también una respuesta apropiada por parte de la comunidad internacional», insisten los dos líderes religiosos. Por último, el Papa Francisco expresó, el domingo por la tarde, su deseo de que se abra la frontera turco-armenia, como signo de reconciliación entre los dos países. Según el reportaje de Catholic News Service (la agencia de información adscrita a la Conferencia episcopal americana), en su viaje de regreso el Papa se refirió a la expresión «tender las manos» que utilizó el Presidente turco Recep Tayyip Erdogan en 2013, al hablar del genocidio de 1915. El Pontífice desea que la frontera, cerrada desde hace más de 20 años, sea abierta de nuevo. Turquía cerró sus fronteras con Armenia en 1993 después de la escalada del conflicto del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán.

 

Por Sébastien de Courtois (Estambul) para AIN

Posted on 4 diciembre, 2014 in Noticias

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