Camerún: El terror de Boko Haram alcanza las ciudades

Tras los atentados suicidas registrados en Julio (más de 30 muertos) en la ciudad episcopal de Maroua, los habitantes del norte de Camerún viven atenazados por el miedo. Las Misas de Domingo se celebran bajo fuertes medidas de seguridad. La normalidad regresa, pero muy poco a poco. No obstante, Mons. Bruno Ateba, Obispo de Maroua-Mokolo, está muy esperanzado. Él apuesta por la oración… y por el diálogo entre cristianos y musulmanes.

 

 

AIN, Königstein (Alemania) – 9 de septiembre de 2015. Para millones de católicos europeos, es lo normal; en cambio, para Mons. Bruno Ateba, Obispo de la Diócesis camerunesa de Maroua-Mokolo, es una intención importante de sus oraciones: celebrar la Misa dominical en una iglesia digna y sin miedo a atentados. En una visita a la fundación pontificia internacional AYUDA A LA IGLESIA QUE SUFRE en Königstein, este Obispo de 50 años de edad informó de que celebra cada Domingo varias Santas Misas a la intemperie, con un total de unos 3.000 creyentes, independientemente de que llueva o haga sol. En cada ocasión, se forma una cadena humana alrededor de la asamblea de creyentes, para someter a quien quiera participar en la Misa a estrictos controles de seguridad. Pese al terror, los creyentes de Maroua no han perdido su alegría. “Nos gusta bailar y cantar durante la Santa Misa”, informa Mons. Ateba. Y esta alegría todavía sigue presente, “pues el Señor es nuestro refugio”.

 

Los atentados suicidas de Julio fueron devastadores: a raíz de ellos, más de treinta personas perdieron la vida en Maroua y cientos resultaron heridos. El horror ante esta masacre aumenta por el hecho de que, probablemente, se tratara de chicas jóvenes que, obligadas por Boko Haram, escondieron bajo el burka las bombas con las que perpetraron los atentados. “Nos sentimos como si fuera Viernes Santo, pero no perdemos la esperanza”, dice Mons. Ateba.

 

Camerún se encuentra ubicado entre los peores escenarios de crisis de África de hoy en día: entre Nigeria y la República Centroafricana. Nigeria, donde el grupo terrorista de Boko Haram actúa con especial crueldad, se encuentra a tan solo 60 kilómetros de la capital de provincias de Maroua. Mons. Ateba asegura que la población de la zona fronteriza y de Maroua está traumatizada y atenazada por el miedo a más atentados. Hace pocos días, el 3 de septiembre, Boko Haram volvió a atacar en el norte: en un concurrido mercado del norte de Camerún, dos mujeres perpetraron un atentado suicida provocando un baño de sangre.

 

Según afirma el Obispo, actualmente, más de cien mil personas huyen en Camerún de los conflictos. 52.600 personas –sobre todo, procedentes de Nigeria– se han refugiado en el campo de refugiados de la ONU en Minawao (a 40 kilómetros de Marauo). Además, más de 50.000 cameruneses viven desplazados en el propio país por miedo a Boko Haram; muchos de ellos han encontrado refugio en casa de familiares o en edificios públicos. El Obispo camerunés ha retirado a los misioneros extranjeros de la zona fronteriza. “La vida allí es demasiado peligrosa para personas de piel blanca”, explica su decisión. El norte de Camerún vive principalmente del turismo, pero los turistas han desaparecido desde que Boko Haram aterroriza la región. “Todo se ha parado”: así describe Mons. Ateba el sentimiento de las personas que viven del turismo.

 

Gracias a la fuerte presencia del Ejército y la Policía, actualmente reina una relativa normalidad, que, en ningún modo, puede confundirse con la paz. Por ello, Mons. Ateba de Maroua-Mokolos apela a la comunidad internacional: “Ayúdennos a encontrar la paz. Sin paz no podemos hacer nada. La comunidad internacional dispone de los recursos necesarios para poner fin al terror de Boko Haram”.

 

En una carta a los creyentes de su diócesis de mediados de Agosto, el Obispo los invita a rezar y a permanecer alertas. “Para nuestra seguridad es importante que colaboremos con los organismos públicos. Todos los que detecten a personas que no conocen deben estar atentos, y si estas hicieran algo fuera de lo normal, comunicárselo de inmediato a la Policía”. Mons. Ateba señala que esto es especialmente importante en la zona limítrofe, pues en muchos puntos no existe una frontera definida. A menudo, las viviendas de los miembros de la tribu de los kanuri están sobre la misma frontera: “Una habitación está en Nigeria y la otra, en Camerún”. Así, a los terroristas de Boko Haram les resulta muy fácil penetrar en el país.

 

¿Pero cómo poner coto al terror de Boko Haram? Para el Obispo, está claro: lo más importante es la oración, y, en segundo lugar, está el diálogo entre cristianos y musulmanes. En Camerún, donde un 70% de los 20 millones de habitantes son católicos, la Iglesia Católica goza de buena reputación. Según Mons. Ateba, muchos musulmanes acuden a los centros de salud católicos cuando están enfermos o envían a sus hijos a escuelas católicas. El Obispo ha escrito una oración por la paz que se reza en todas las Misas de su diócesis antes de la bendición final.

 

En el año 2014, AYUDA A LA IGLESIA QUE SUFRE apoyó la labor pastoral en Camerún con más de 1,13 millones de euros, y el Obispo Ateba está muy agradecido por ello. Desde hace años, la fundación pontificia internacional viene contribuyendo a la formación de seminaristas y sacerdotes de Maroua-Mokolo. También gracias a los benefactores de AYUDA A LA IGLESIA QUE SUFRE, cerca del campo de refugiados de Minawao se está erigiendo una sala polivalente en la que los refugiados católicos pueden reunirse para rezar y celebrar la Santa Misa. Otro proyecto importante financiado por AYUDA A LA IGLESIA QUE SUFRE obedece a una de las principales intenciones de oración de Mons. Ateba: la construcción de una catedral en Maroua. De momento, ya están puestos los cimientos; ahora toca erigir los muros.

 

Por: Antonia von Alten

Posted on 11 septiembre, 2015 in Noticias

Share the Story

Back to Top