Ayuda a la rehabilitación y ampliación de la iglesia parroquial de Bozoum

La parroquia de San Miguel de Bozoum, en República Centroafricana, es una de las parroquias más antiguas del país, pues, fundada en 1927, fue la primera misión fuera de la actual capital de Bangui. Esta parroquia alcanzó notoriedad sobre todo por la valentía del padre carmelita italiano Aurelio Gazzera (53 años), que ya era una leyenda hace nueve años. Y es que en el año 2007 logró poner fin a los desmanes de los zaraguinas, unos bandidos que robaban, secuestraban a niños para pedir rescates y tenían aterrorizada a la población. El P. Gazzera acudió desarmado al encuentro de estos bandidos armados hasta los dientes y logró convencerlos de que debían regresar a una vida normal con sus familias, intentar ser mejores personas y dejar que los demás vivieran tranquilos. “Mi única arma era la oración”, dice hoy. A los pocos meses, la gente pudo volver a vivir en paz y enviar sin miedo a sus hijos a la escuela. Hasta el día de hoy, los niños de las aldeas de la región cantan una canción que trata de él: Merci na Aurelio na Nzapa ti lo (Damos las gracias a Aurelio y a su Dios por doblegar los fusiles de los bandidos).

 

Pero Bozoum alcanzó notoriedad mundial sobre todo en los sangrientos años de la guerra 2013/2014, cuando el P. Aurelio logró evitar, tras repetidas negociaciones de paz con todos los grupos armados y las diferentes etnias, una masacre en su ciudad. Muchos medios de comunicación en todo el mundo se hicieron eco de la acción de este valiente sacerdote que logró salvar cientos de vidas, poniendo para ello en peligro la suya en muchas ocasiones. Pero su lema dice así: “Aunque me maten, no moriré”.

 

En sus intentos de mediación fue abofeteado por los rebeldes, su coche fue tiroteado y, en una ocasión, casi fue linchado por una multitud musulmana fuera de sí: mientras las piedras empezaban a golpear su vehículo y varias personas enfurecidas dirigían armas contra él, el P. Aurelio rezaba el Rosario. El sacerdote se tomó el Evangelio al pie de la letra: “Haced el bien a quienes os odian”. Tras este suceso, el sacerdote de inmediato se puso en marcha con algunos voluntarios para ir al encuentro de los musulmanes, que se habían atrincherado en un espacio reducidísimo por miedo a represalias, para aprovisionarlos a sus expensas con agua potable, arroz y medicinas. Pero, ante todo, lo que quería era infundirles consuelo, asegura el misionero, y añade: “Eran los mismos que me habían amenazado y que habían apedreado las lunas de mi coche hasta hacerlas añicos. Pero después no eran más que niños, mujeres y hombres asustados y necesitados”.

 

El sacerdote logró incluso convencer a los creyentes de su parroquia para que fueran caritativos con los musulmanes. Al principio, pidió a los feligreses con mucho tacto que llevaran dinero y víveres a la iglesia para ayudar a los musulmanes. “No insistí mucho, porque sabía que las heridas todavía estaban abiertas. Muchos perdieron a un familiar, otros tenían parientes que habían sido torturados, a otros les habían robado y todos tuvieron que permanecer durante semanas lejos de sus casas por culpa de, en su mayor parte, rebeldes del Seleka y algunos musulmanes”. Pero, al final, el P. Aurelio quedó asombrado por su generosidad: “Normalmente, los creyentes aportan en nuestra colecta mensual para los pobres algunos alimentos para los huérfanos y un poco de dinero, entre 15 y 20 euros. Ese domingo, mis cristianos me emocionaron, pues trajeron muchos víveres y reunieron más de 70 euros”. 70 euros son mucho dinero en este país tan pobre. Emocionado, el sacerdote añade: “Los creyentes fueron capaces de hacer mucho más en favor de los enemigos del pasado de lo que hacen normalmente por sus hermanos y hermanas pobres de la parroquia”.

 

El P. Aurelio sabe que lo más importante es romper la terrible espiral de odio y venganza, y reconstruir tras la guerra no solo las casas, sino, sobre todo, el corazón y la conciencia de la gente. Precisamente, este Año de la Misericordia es un buen momento para ello. El Papa Francisco avanzó el Santo Año durante su viaje a la República Centroafricana con la apertura de la Puerta Santa de la catedral de Bangui el 29 de noviembre de 2015, a fin de que esta misericordia se volviera perceptible sobre todo en este país devastado por el odio y la violencia. El Papa, en su alocución, calificó Bangui de “capital espiritual del mundo”.

 

El P. Aurelio, que, ante todo, es sacerdote en cuerpo y alma, quiere difundir entre todos este mensaje de la misericordia de Dios. Dice: “Cuando doy de comer a un hambriento, ya le doy algo, pero si puedo darle el verdadero alimento, a saber, a Cristo, entonces se lo doy todo”. Su parroquia florece: cada año se bautizan más de cien personas, de ella han surgido ya vocaciones religiosas y la iglesia se llena en cada Santa Misa. Pero esto último, que, en realidad, debería ser un motivo de alegría, también es un problema, pues la iglesia se ha quedado pequeña. Además, el edificio data de 1960 y presenta daños en los cimientos que deben subsanarse. Aid to the Church in Need (ACN) apoya al sacerdote con 40.000 euros para la rehabilitación y ampliación de la iglesia parroquial de Bozoum, para que esta se convierta en un lugar de misericordia para todavía más creyentes.

Posted on 18 marzo, 2016 in Noticias

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