Ayuda a la formación de 40 Carmelitas jóvenes en Madagascar

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Al principio tuvieron que afrontar peligrosas aventuras: solo pocos meses antes del fallecimiento de su gran fundadora, Santa Teresa de Ávila, cinco padres carmelitas zarparon de Lisboa con rumbo a la costa del territorio de la actual Angola, que por entonces estaba bajo el poder del rey de Portugal. Una tormenta puso fin a la aventura: el barco zozobró y los valientes religiosos se ahogaron en el océano. Al poco tiempo, en un segundo intento, el barco fue tomado por piratas que abandonaron a los religiosos en la playa de una isla de Cabo Verde. Uno de ellos murió y otro logró regresar a Sevilla. Dos años más tarde, finalmente, tres Carmelitas lograron desembarcar en lo que hoy es Angola, pero su misión solo se mantuvo en pie hasta 1612.

 

Después tuvieron que pasar trescientos años antes de que la orden de Santa Teresa de Ávila lograra echar raíces en el África Negra. En el siglo XX fueron las Carmelitas Descalzas las primeras en llegar, concretamente, en 1921, cuando unas Carmelitas belgas se asentaron en Betafo en Madagascar. El primer asentamiento en el África Negra de sus Hermanos varones surgió en 1956 en lo que por entonces era Zaire (hoy República Democrática del Congo). En la actualidad, en más de veinte países del África Negra hay 36 conventos de Carmelitas con más de 400 religiosas, y 65 monasterios con más de 400 Carmelitas varones, así como numerosas vocaciones jóvenes que actualmente están en fase de formación.

 

Madagascar no solo fue el primer país del África Negra en el que echó raíces la rama femenina carmelita, sino también el tercer país en el que la rama masculina fundó un monasterio. Los Carmelitas, presentes en Madagascar desde 1969, cuentan actualmente con 56 sacerdotes (48 de ellos nativos). Además, la orden está bendecida con numerosas vocaciones: en total, 40 jóvenes cursan en estos momentos sus estudios para integrarse en ella. En realidad hay más jóvenes varones que quisieran ingresar en la orden, pero el problema radica en la imposibilidad de acogerlos a todos, pues la orden no tiene recursos para ocuparse de ellos y para formarlos. Así, con gran dolor en el corazón, ha habido que limitar su número a 40.

 

El año pasado, nuestros benefactores apoyaron la formación de estos 40 jóvenes religiosos con 9.500 euros y sus superiores dan, en su nombre, las gracias a todos los que han contribuido a ello. ¡Dios se lo pague!

Posted on 18 marzo, 2016 in Noticias

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