Amenazados con morir de hambre para ser sometidos

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Los rebeldes –como el Gobierno– rechazan ayuda alimentaria, según el jefe de proyectos humanitarios, por esto poblaciones enteras corren el riesgo de morir de hambre porque se niega el acceso a los convoyes de ayuda.

Los alimentos se han convertido en «el arma más mortífera de la guerra» en Siria, según dice el coordinador de proyectos para Próximo Oriente de la Fundación Pontificia Internacional; según este, tanto el Gobierno como las fuerzas rebeldes están bloqueando la ayuda humanitaria, con el objetivo de que poblaciones enteras se encuentren al borde de la hambruna y, de este modo, se sometan a ellos.

El padre Andrzej Halemba, de «Aid to the Church in Need (ACN)», comenta que muchos grupos están impidiendo que la ayuda alimentaria llegue a su destino, con el fin de debilitar la resistencia de los grupos de la oposición

El padre Halemba, que se encuentra en contacto permanente con los líderes de la Iglesia en Siria y que visitó el país en tres ocasiones durante el año pasado, dijo que la crisis supone una mayor presión para ACN y otras organizaciones, para que aumenten la ayuda de emergencia en las zonas abiertas a la ayuda.

Estas regiones se han convertido en un imán que atrae a las personas que huyen de las áreas en las que la ayuda está bloqueada.

Declara el padre Halemba: «las tropas de ambos lados —tanto del Gobierno como de los rebeldes— impiden que llegue la ayuda humanitaria a fin del someter al pueblo». Y añade que los rebeldes se están haciendo con la ayuda humanitaria para venderla al mejor postor y aumentar así sus fondos.

En relación con Madaya, la ciudad situada al nordeste de Damasco, donde según se dice ya se han producido muertes por hambre, declara: «hay algunas poblaciones como Madaya, donde las personas están desesperadas por la necesidad que sufren, pero donde la ayuda no está llegando».

De acuerdo con noticias de que hasta 4 millones de personas viven en Siria en zonas aisladas de todo tipo de ayuda, el padre Halemba cita estadísticas que demuestran que, desde que comenzó la violencia hace casi cinco años, en el conflicto han muerto 280.000 personas; pero 350.000 han fallecido a causa de la falta de medicamentos y otros suministros de primera necesidad.

El padre Halemba comentó que ACN creó programas de ayuda en centros como la capital Damasco, que está recibiendo a miles de personas que huyen de Madaya.

Desde marzo de 2011, cuando comenzó el conflicto, ACN ha aportado fondos por 10,38 millones de euros en ayudas para cristianos y otras personas de la región. De estas cifras, cerca del 60 por ciento —6,2 millones de euros— corresponde a lo que se destinó el pasado año.

El último mes, la Fundación Pontificia Internacional puso en acción 19 programas para Siria.

Según el padre Halemba, AIN está desarrollando otros 20 programas de emergencia para Siria, que estarían listos para comenzar en los próximos meses.

La Fundación colabora con Obispos de Damasco, Tartus, Alepo y Homs, así como con jesuitas y otras comunidades religiosas que proporcionan alimentos, medicamentos, anoraks y calzado en regiones como Alepo, al noreste de Siria, o como Homs, más al sur, en los alrededores de Marmarita y en el llamado «Valle de los cristianos».

Subrayó cómo la crisis se vio agravada por la pérdida del suministro eléctrico en áreas clave; por ejemplo, Alepo se encuentra sin electricidad desde mediados de noviembre, un problema agravado por las temperaturas nocturnas inferiores a los cero grados.

Refiriéndose a que el pasado año se proporcionaron 15.000 unidades de ayuda a familias de todo el país, el padre Halemba añadió: «proporcionamos varios paquetes de ayuda a muchas familias; este año estamos buscando incrementar nuestra ayuda para hacer frente a las crecientes necesidades de la población».

«Deseamos responder a las solicitudes de ayuda al 100 por ciento; pero no siempre es posible hacer todo lo que esperamos. Cada ayuda es apreciada mucho; nos refieren la alegría que experimentan al recibir nuestra ayuda; lloran de alegría, pues dicen que ahora pueden sobrevivir al invierno».

Se refirió asimismo a la urgente necesidad de proporcionar ayuda a las poblaciones cercanas a la ciudad de Hassake, situada al noreste, y que acaba de ser liberada de las fuerzas islamistas. Sin embargo, actualmente muchos cristianos asirios exiliados de sus poblaciones no están en condiciones de volver debido a la falta de productos de necesidades primarias.

El padre Halemba urgió a que se siga rezando por Siria, especialmente por los 79 cristianos secuestrados en las poblaciones asirias cercanas a Hassake y retenidos por Daesh en su fortaleza de Raqqa, al norte del país.

Según informaciones, los islamistas han exigido rescates de hasta por  32.100 euros por persona.

El padre Halemba destacó también los sufrimientos de los cristianos que no están en condiciones de pagar el exorbitante impuesto islámico jizya que se exige en áreas controladas por ISIS (Daesh) y otros grupos militantes. Añadió que los cristianos se han visto obligados a pagar un jizya de hasta 87.000 libras sirias al año (362 euros, al cambio oficial), pero que muchos no pueden hacerlo en un país en que desde 2010, 1 kg de azúcar se ha encarecido desde 5 libras sirias (2 céntimos de euro) hasta 5.000 libras sirias (20,84 euros).

En relación con la acción militar internacional que se está preparando para Siria, el padre Halemba dijo: «se está abriendo una caja de Pandora a la que nadie está dispuesto a poner tapa. En lugar de hablar de librar una guerra, sería necesario que se sienten a la mesa para hablar de la paz. Esto es lo que la población necesita realmente ahora».

Königstein/Surrey, 14-01-2016.

 

 

Posted on 14 enero, 2016 in Varios

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