África tiene mucho que decir en el sínodo de la familia

Con ocasión de la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible de la ONU, celebrada del 25 al 27 de septiembre en Nueva York, los Obispos de África y Madagascar lanzaron un llamamiento a los líderes políticos y organizaciones internacionales para que pongan fin a la promoción de una civilización de la muerte en el continente. “Los agentes de la civilización de la muerte están utilizando un lenguaje ambivalente, seduciendo a los que toman las decisiones y a poblaciones enteras a fin de que se conviertan en sus socios a la hora de perseguir sus objetivos ideológicos […] Se aprovechan de la pobreza, la debilidad y la ignorancia para someter a pueblos y gobiernos a su chantaje”. Entre estos objetivos se encuentran los programas de “salud sexual y reproductiva y derechos reproductivos”, que se imponen como condición para la ayuda al desarrollo.

Uno de los socios de Ayuda a la Iglesia que Sufre en Benín, P. François Tiando, afronta este monumental reto en su labor como responsable de la pastoral familiar en la Diócesis de Natitingou. Otro problema que afronta en su labor en la pastoral familiar es que “algunas personas no se muestran muy abiertas a la modernidad o el Cristianismo. El mayor desafío sigue siendo la poligamia […] A los jóvenes les resulta difícil entender la importancia y los beneficios de la monogamia”. Esto se ve empeorado por la presión que ejercen algunas organizaciones internacionales para implementar una agenda de “salud reproductiva” en el seno de la población beninesa, fenómeno que también se repite en otros países africanos. Según el P. Tiando, las devastadoras consecuencias de esta agenda son cada vez más visibles. “Muchas parejas cristianas son conscientes de que esto daña a la familia, especialmente, a las mujeres”.

El P. Tiando hace hincapié en que la Iglesia debe afrontar este desafío. Los propósitos de las organizaciones que promueven esta agenda están bien claros, como muestra el eslogan de los llamados centros juveniles “Amour et Vie” (amor y vida) para la salud reproductiva: “Aprende a vivir tu vida sentimental sin riesgos”[1]. Ahí ofrecen un servicio confidencial que, en la práctica, significa que adolescentes y jóvenes reciben asesoramiento sobre salud reproductiva sin el consentimiento de sus progenitores. “Los padres están indefensos […] hay una grave crisis de valores en África”.

Christine du Coudray, directora de la Sección de África de la sede internacional de Ayuda a la Iglesia que Sufre, coincide con él: “África es el blanco de la agenda de las ONG porque la mayoría de la población es joven”. Según Du Coudray, uno de los primeros pasos para contrarrestar esta amenaza proveniente del exterior consiste en dejar de utilizar el vocabulario de las Naciones Unidas en este asunto, pues es “deliberadamente poco claro y de nueva creación. En su lugar, deberíamos utilizar el tradicional vocabulario de la Iglesia sobre el amor y la familia, cuyas palabras están llenos de sentido”.

El P. Tiando confía en que la Iglesia será capaz de afrontar esta amenaza, y el programa de acción trienal para la familia de la Diócesis de Natitingou, apoyado por Ayuda a la Iglesia que Sufre, forma parte de esta respuesta. El objetivo final del programa es la “evangelización de las familias por las familias”, en línea con el lema de la diócesis: una familia solidaria y misionera. Una vez que las familias que acuden a los cursos de formación descubren el verdadero valor de la familia cristiana, no solo se lo transmiten a sus hijos, sino también a otras familias. El P. Tiando está convencido de que no solo el mal, sino también el bien puede ser contagioso. “Las demás familias pueden ver que los valores cristianos auténticamente vividos en el seno de la familia son buenos para ella y para la sociedad en su conjunto”.

Desde su experiencia de los últimos años, el P. Tiando informa de que la visión que muchos hombres tienen de sus mujeres suele cambiar tras participar en uno de estos cursos. En la tradición africana, el hombre es el cabeza de familia, mientras que en la familia católica, el hombre y la mujer avanzan juntos gracias al diálogo y la oración. “Estoy impresionado por los testimonios de los que han participado en los cursos, pues demuestran que aprenden y viven que la oración sostiene a la pareja y a la familia”. El hecho de que otras parejas den su testimonio en los cursos también ayuda a los participantes a darse cuenta de que no están solos con sus problemas. “Estas familias construyen una red de amistad en toda la diócesis: una amistad en torno a valores comunes”. Por tanto, el objetivo último del programa de acción familiar es que estas familias evangelicen a otras familias como parte del proyecto diocesano “una familia solidaria y misionera”.

Christine du Coudray es muy optimista en relación con este tipo de programas para la familia, subvencionados por Ayuda a la Iglesia que Sufre en África. “No vemos estos programas en los países europeos, donde también son necesarios. Pero los programas para la familia que se llevan a cabo en África también dan frutos en nuestros países de formas misteriosas”. Así, por ejemplo, el Congreso Mundial de las Familias celebrado en 2013 en París siguió el ejemplo del décimo aniversario de la Federación Africana de Acción Familiar (FAAF). La misión de la FAAF reside en proveer a sus miembros –que representan 28 asociaciones de 22 países africanos– con las competencias para su labor educativa entre los jóvenes y las parejas casadas, y promover los valores de la familia y una paternidad/maternidad responsable de acuerdo con el designio de Dios. Du Coudray recalca que, en relación con los valores cristianos de la familia, “algo bueno nos está llegando de África”.

Esta misión del pueblo africano para la humanidad también fue resaltada por los Obispos de África y Madagascar en su declaración conjunta de junio de este año: “Tal y como declaró solemnemente el Papa Benedicto XVI, ‘hoy África es el pulmón espiritual de la humanidad’”. Los Obispos denuncian que los miles de millones destinados a promover la “agenda de salud reproductiva” en el continente africano tienen como claro objetivo “el control del crecimiento demográfico en África según el ‘modelo’ occidental, que en Europa se ha convertido en un modelo de crecimiento cero”. Los Obispos consideran que esta política occidental en África es “un aterrador resurgimiento del espíritu colonialista bajo la apariencia de nociones atractivas como libertad, igualdad, derechos, autonomía, democratización y desarrollo. […] Ya no se puede seguir ignorando que, bajo el eufemismo de ‘salud sexual y reproductiva y derechos reproductivos’, estos programas se imponen llanamente como condición a la ayuda al desarrollo”.

Esta preocupación de los Obispos católicos africanos la comparten miembros de otras confesiones religiosas presentes en el continente. Tradicionalmente, las culturas africanas han celebrado “la belleza y el carácter sagrado de la vida y la familia”. Los Obispos de África y Madagascar exhortan a todos los africanos a oponer resistencia a las presiones políticas y económicas del lobby transnacional de los “derechos reproductivos”, y a decir “no” a esta destrucción planificada del matrimonio y la familia. En palabras del Papa Francisco, deberíamos estar “atentos a las nuevas colonizaciones ideológicas […] que buscan destruir a la familia […] Como familia tenemos que ser muy, muy sagaces, muy hábiles, muy fuertes para decir ‘no’ a cualquier intento de colonización ideológica sobre la familia”.

En 2014 Ayuda a la Iglesia que Sufre subvencionó 108 proyectos para la familia en África con más de 1.065.000 euros, y en lo que llevamos de 2015, ha apoyado otros 93 proyectos con más de 780.000 euros.

[1] Estos centros de “amor y vida” son subvencionados por PSI, que se define a sí misma como una “organización de salud global dedicada a mejorar la salud de las personas de países en vías de desarrollo al enfocarse en los principales retos como la falta de la planificación familiar, el VIH y sida, las barreras a la salud maternal, las enfermedades no trasmisibles y las principales amenazas para los niños menores de cinco años, incluyendo malaria, diarrea, neumonía y la desnutrición”. Sus ingresos en 2013 ascendieron a aproximadamente a unos 600 millones de dólares.

Fuente: http://www.psi.org/wp-content/uploads/2014/10/PSI-Progress-Report-2013-Spanish.pdf

 

Posted on 4 noviembre, 2015 in Noticias

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